Choque de paradigmas

Maxwell Reyes

choque-de-paradigmas.jpgDe Rafael Núñez

Pocos días antes de dejar la Presidencia de la República, en el año 2000, el presidente Leonel Fernández pronunció una alocución al país desde el salón de Las Cariátides, del Palacio Nacional, que pocos recuerdan. En esa comparecencia, el mandatario llamaba la atención sobre el principal reto que enfrentaría la República Dominicana de cara al futuro, a pesar de que dejaba una economía en franco crecimiento, el mayor de América Latina.

Habló sobre los altos precios del petróleo, y sostenía Fernández que la economía dominicana la dejaba creciendo 7,3 por ciento (promedio anual) del Producto Interno Bruto. Advertía, sin embargo, que el tema de la volatilidad en los precios del crudo se constituía en la peor amenaza para la estabilidad de la economía criolla en los años porvenir. Cuando Fernández subió las escalinatas del Palacio Nacional por primera vez, los precios del producto en los mercados internacionales se situaban a 13 dólares el barril. Cuando entregó el poder, en el año 2000, el barril se vendía a 26.1 dólares, el doble de su precio, año en que se ubica el inicio del actual shock petrolero.

En el 2004, el barril se cotizaba en 37.8 dólares; un año después, en 52.3 dólares y en septiembre de 2005 los precios se colocaban en 61.7 dólares el barril. Para una economía como la nuestra, importadora de ese producto, eso significa una multiplicación de la factura petrolera. En el año 1996, la factura petrolera era de 768 millones de dólares, mientras en 2005 pasó a 2, 451.l millones de dólares. El incremento de la factura petrolera ahonda el déficit de cuenta corriente de la balanza comercial.

Si ciertamente hay diversos factores que inciden en los precios del crudo (uno de ellos lo representa el incremento del consumo de economías como India y China), la verdad es que hay serias evidencias de que el elemento especulación juega un papel en la volatilidad de los precios. Por ejemplo, esta semana pasada se anunció que los precios del petróleo cayeron drásticamente 9 dólares, sin que se produjera ningún acontecimiento visible que lo justificara. Para quienes sostienen que el incremento del consumo de las grandes economías ya mencionadas es la principal razón de esa volatilidad, ¿cómo explican este bajón de precios en esta semana? ¿Se debe a que el consumo de China e India se redujo de golpe en un día? Evidentemente que no. Tal como ha explicado el presidente Fernández, hay un elemento especulativo en la comercialización del petróleo y de algunos alimentos básicos.

Si escucháramos nuevamente aquellas advertencias hechas por el presidente Fernández en el año 2000, podríamos llegar a la conclusión de que tienen igual, o más vigencia, que para estos días. Claro está, nadie se imaginaba para entonces que la ambición se llevaría de paro la ética en la política y en los negocios que se llevan a cabo en los mercados a futuro.

Desde que el ciudadano norteamericano Samuel Kier, el boticario de Pittsburg, Estados Unidos, inició la comercialización del petróleo en el año 1850, el “aceite de roca”, como se le llamaba entonces, ha sido la base de sustentación del desarrollo de la humanidad después que se convirtiera en el producto anhelado por todos. Su comercialización masiva para el desarrollo estratégico de la humanidad se inicia a finales del siglo XlX y principios del XX, en los yacimientos encontrados en algunas zonas del planeta.

Aunque debe aclararse que el aprovechamiento del petróleo en el mundo no es tan reciente, pues se remonta a miles de años, es en los albores de la Primera Guerra Mundial, que el producto lo toman las grandes economías como fuente de energía para diseñar los modelos de producción y consumo que conocemos en estos tiempos. ¿Dónde se ubican las mayores reservas?

Las reservas probadas de petróleo del mundo se encuentran en Medio Oriente (63,3 %); Europa y Eurasia (9,2 %); Centro y Sudamérica (8,9 %); África (8,9 %); América del Norte (5,5 %) y Asia-Pacífico (4,2%). Estas cifras no incluyen las nuevas reservas de los grandes yacimientos descubiertos en Venezuela y Brasil. Las anunciadas por el gobierno venezolano, el pasado 14 de febrero, mediante la incorporación número 86.411.289 BN, asciende a 296, 500 millones de barriles de petróleo que, de acuerdo con esa información suministrada por PDVSA, es mayor que la de Arabia Saudita, que se estima en 264, 500 millones de barriles.

A pesar de que no es quien más reservas posee, ni de mayor producción, América del Norte es quien más derivados del petróleo consume, un 30,1 por ciento; le sigue Asia-Pacífico con un 28,8 por ciento; luego Europa y Asia con 25,9 por ciento; Centro y Suramérica 6 %; Medio Oriente 5,9 % y África con un 3,3 por ciento. Si lo individualizamos más, el consumo es como sigue:

Estados Unidos con 24,6 millones de barriles diario; China consume 8,9 millones de barriles diario; Unión Europea 17,8 millones de barriles; Oriente Medio 7,1 %; ex URSS 4,8 %; India 3,1 % y Japón 6,2 %.

Lo cierto es que el petróleo es una fuente agotable de generación de energía, elemento que agregado a la falta de capacidad para incrementar la producción de manera que la oferta sobre pase la demanda, convierte el panorama mundial del consumo en más que sombrío.

Por esas y otras razones, el final del siglo XX y el principio del XXl se caracterizaron por el planteo de una preocupación latente respeto al agotamiento del petróleo como fuente de energía y el grave daño que su exploración y explotación ocasiona al ecosistema. En las últimas décadas cobra mayor fuerza la tesis sobre el impacto negativo que tiene la utilización de derivados del petróleo como fuente de energía, de manera que el paradigma a seguir está claro.

El consumo mundial de petróleo se estima en 30,000,000 millones de barriles en un año, que representa el doble de las reservas de uno de los países de mayor producción de América Latina: México. De acuerdo con cálculos de entidades acreditadas, se consumen todos los días 4 barriles de petróleo por cada uno que se descubre. Son muy remotas, pues, las esperanzas de que el crudo vuelva a los precios de tres décadas atrás y, ni siquiera, a como se vendía en los mercados internacionales a mediados de la primera década de este siglo veintiuno.

Mientras eso ocurre, los países desarrollados, con mayor capacidad para impulsar políticas de generación a partir de energías limpias, no muestran voluntad real ni de disminuir su propio consumo de derivados del petróleo creando culturas mucho más austeras, pero tampoco de pasar radicalmente al modelo de producción en base a tecnologías amigables con el medio ambiente.

Vemos que al tiempo que se sostiene un discurso de buscar fuentes alternativas de energía para no seguir alterando nuestro ecosistema, en la práctica se ignoran las advertencias hechas en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, en 1992. Observamos cómo se continúa de manera incesante en la búsqueda de nuevos yacimientos de petróleo, mientras quienes los descubren, hacen fiestas y brindan con champaña, a pesar del discurso light en los foros mundiales. En tanto, las pequeñas economías importadoras de petróleo, nos desgarramos las vestiduras ante la inminencia de una crisis ecológica global y los altos precios de los derivados fósiles.




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