La cordillera está rota y las autoridades no se han dado cuenta

De Vianco Martínez

Las comunidades de la zona montañosa de Padre Las Casas –unas veinte en total- siguen incomunicadas sin que hasta el momento ninguna autoridad haya tomado una decisión para mejorar la situación.

La decisión que esperan los campesinos aislados desde hace diecinueve días en la zona es que las autoridades movilicen equipos para reparar el camino que las aguas y los derrumbes destruyeron por cinco partes, explicó Salvador Ferreras, residente en Gajo de Monte, una de las comunidades afectadas.

Con la cordillera rota en uno de sus puntos sensibles, los campesinos no han podido bajar a Padre Las Casas, la ciudad más cercana, a abastecerse de alimentos y provisiones. Tampoco los maestros y los médicos de las escuelas y la clínica rural  han podido subir a sus lugares de trabajo.

A los labriegos les ha sido imposible trasladar a los mercados de la parte baja las cosechas de habichuela que ya fueron cortadas.

La cuenta regresiva de ese aislamiento empezó hace unas dos semanas, cuando las lluvias torrenciales que trajeron las ultimas vaguadas afectaron la zona donde nacen los ríos que pasan por las comunidades situadas en la parte sur de la cordillera Central.

Los derrumbes, la crecida y la ruptura de los caminos dejan cada año sin comunicación terrestre a más de veinte comunidades, entre estas la sección Las Cañitas y sus parajes El Limón, El Chocho, El Tetero, La Fortuna, El Roblito, Sabina del Sur, Fondo Viejo, Los Rodríguez y Los Auqueyes.

Los moradores de la zona, con el apoyo de las monjas de la Congregación  de Cristo Crucificado, de Padre Las Casas, y la Diócesis de San Juan, comenzaron hace dos años a levantar un puente para evitar el aislamiento de las comunidades en la estación de las lluvias, pero la obra fue detenida a mitad de su realización por falta de recursos.

El pasado 18 de agosto, cuando la incomunicación de los poblados llevaba doce días, los campesinos pidieron el auxilio de las autoridades. Una semana después a la zona afectada no ha llegado el primer equipo del gobierno a llevar a cabo las labores de limpieza de los caminos y de reparación de los puntos destruidos, dijo Salvador Ferreras.

Resultado: no hay clases, los frutos se están perdiendo en las manos de sus sembradores, la clínica rural no está dando servicios de salud y las familias, que ya empezaron a agotar las reservas de alimentos que, debido a su frágil economía, se procuran en pequeña escala, se están quedando sin provisiones.

“Este es el drama de cada año y la cruz que tenemos que cargar los moradores de estas lomas”, dijo Mesino Delgado, alcalde pedáneo de la comunidad de Las Cañitas, desde la zona incomunicada.

En esa zona tienen incidencia el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), que opera una pequeña presa en los altos de la cordillera, el Ministerio de Educación, que rige la actividades de unas diez quince escuelas primarias, algunas de las cuales no tienen ni pizarras, el Ministerio de Agricultura, por la actividad agrícola que se desarrolla en la montaña, y el Ministerio de Medio Ambiente, que vela por la preservación de los bosques y de los ríos, aunque su presencia es casi simbólica.

Ningún técnico, funcionario o representante de esas instituciones ha hecho acto de presencia en la zona.

Ante el silencio de las autoridades frente el llamado de los campesinos aislados, la Diócesis de San Juan prepara una pala mecánica para enviarla a la zona a limpiar el área de los derrumbes.

Salvador Ferreras afirmó que ya el río empezó a bajar, pero aun hay que cruzarlo en mulos y correr el riesgo de ser arrastrado por las aguas, aún indóciles, que bajan de las lomas de Constanza, mientras los caminos siguen obstaculizados a consecuencia de los derrumbes.

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