• 26 junio, 2022

Consumiendo suciedad mediática

manuel voquez

Por Manuel Vólquez

En una audiencia en el Vaticano con miembros de la Sociedad de San Pablo, el papa Francisco llamó la atención de la comunidad mundial respecto a falta de honestidad que a su juicio funciona en los medios de comunicación y lamentó que la desinformación está al orden del día.

“Si hoy tomamos los medios de comunicación, falta limpieza, falta honestidad, falta integridad. La desinformación está al orden del día. Se dice una cosa, pero se esconden muchas otras”, dijo.

Francisco, animó a esa congregación a hacer que este fenómeno no empañe su estilo comunicativo, que “proceda realmente de la vocación, del Evangelio, que sea nítida y clara”.

La misión de la Sociedad de San Pablo, apuntó el religioso argentino, no solo debe ser comunicar, sino también “redimir a la comunicación del estado en el que se encuentra hoy”.

“En manos de todo un mundo de comunicación que o dice la mitad, o una parte calumnia a la otra, o una parte difama a la otra, u ofrece escándalos porque a la gente le gusta consumir escándalos, es decir, comer suciedad ¿No es verdad? Es así”, sostuvo el pontífice al hablar en el Palacio Apostólico.

Esa preocupación es la de muchas personas en el mundo que observan cómo a diario se tuerce el verdadero contenido de las noticias, luego de ocurrir y darlas al consumo del público.

Lo cierto es que algunos medios tienden a difundir las informaciones sin confirmarlas y pienso que la razón se basa en el afán de llevar las noticias al público con antelación, primero que la competencia, para dar el tradicional “palo periodístico”, que en numerosas ocasiones solo generan desmentidos bochornosos y acciones jurídicas costosas.

En las últimas semanas he visto detalles diferentes sobre las causas reales de muertes en hechos de violencia de género o la participación de agentes policiales en crímenes repugnantes.

A manera de ejemplo, cito el asesinato de Orlando Jorge Mera, una consternada eventualidad que generó varias versiones acerca de lo que sucedió en la oficina del funcionario. Cuando se dio a conocer el caso, en los periódicos digitales y las redes sociales se decía que el autor del crimen hizo siete disparos, mientras otros publicaron que fueron 13.

Sin embargo, los fiscales investigadores y el médico legista que levantó el cadáver determinaron que en realidad fueron seis proyectiles los que penetraron el cuerpo del funcionario, aunque no precisaron cuántas balas salieron de la pistola del atacante, pues una cosa es tirar y otra dar en el blanco.

Se supone que los administradores de esas herramientas informativas deben examinar las noticias antes de llegar a manos del consumidor final, que es el público. Es el principio ético que debe prevalecer; es lo que los periodistas aprendemos en las aulas universitarias y en los libros.

En la práctica, al parecer, es exiguo el proceso de confirmación de las noticias a juzgar por lo que se publica, sobre todo cuando la información proviene de testigos ocasionales no confiables que se enteran de lo sucedido por intermedio de terceros que llaman a los mass media para notificar cualquier acontecimiento repentino.

Esa es una situación muy grave porque la sociedad se orienta y confía de lo que ocurre a diario a través de los periódicos, revistas, radio, televisión las redes sociales y programas interactivos. La

gente repite como cotorras en la calle lo que escucha en la radio, ve en la televisión, redes sociales y en la prensa escrita.

Incluso, hay comunicadores, valga la excepción, que producen programas interactivos guiándose de lo que publican los periódicos virtuales e impresos, sin molestarse en confirmar los acontecimientos. Reproducen, in extenso, lo que difunden los medios porque confían en esas fuentes. Es así como se hacen cómplices vox populi (voz del pueblo) de la desinformación y la tergiversación.

Es valedera la inquietud del papa Francisco cuando señala que…. “falta limpieza, falta honestidad y falta integridad…. Se dice una cosa, pero se esconden muchas otras”.

Naturalmente, aunque el prelado católico tiene razón, está generalizando. Hay muchas herramientas de comunicación en el mundo (los grandes periódicos, agencias noticiosas y cadenas de radio y televisión) que aún aplican la ética periodística, cuidándose de una demanda por difamación.

Considero que los lugares donde ocurren más manipulación y desinformación son las redes sociales, unos espacios de libre albedrío utilizados por los ciudadanos universales, algunos analfabetas funcionales, para publicar las cosas personales que se les ocurra. Pero, y es lo peor de todo, nadie los regula. Es preciso controlar lo que difunden, sin afectar la libre expresión del pensamiento o la libertad de prensa.

La basura mediática difundida en esas estructuras informáticas ya se ha convertido en una cultura, una conducta normal, como es el caso de editar fotos y videos con el falaz objetivo de ridiculizar y causar daños.

Es que los promotores de esas acciones tienen la errada convicción de que esos adefesios son los que la gente disfruta y, por vía de consecuencia, es lo que debemos consumir. Como diría el papa, se tiene la creencia de que “a la gente le gusta consumir escándalos, es decir, comer suciedad”.

Y no es así. Lamentablemente, adolescentes, niños y adultos estamos comiendo suciedad mediática y putrefacta con el bombardeo cotidiano de algunas noticias falsas o no confirmadas, manipuladas, tergiversadas, y también con aquellos productos musicales de contenidos alienantes que promueven la violencia, la infidelidad y el consumo de droga.

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