
Diez minutos fueron suficientes para que el «Optimista del Gol», como lo llamó su ex técnico Carlos Bianchi, convirtiera el segundo tanto en la victoria de Argentina sobre Grecia (2-0) que selló la clasificación de la albiceleste a los octavos de final.
El primer tanto, de Martín Demichelis, hizo estallar a gritos a los argentinos, pero esa emoción se transformó en llanto con la diana de Palermo.
«Para mí es algo que soñé. La película de Palermo no termina nunca, es increíble. Lo metí e hizo milagros», dijo Diego Maradona, el seleccionador.
«Esto es único, es impagable, tengo que agradecerle siempre a Diego», expresó Palermo. «Cuando me llamó para que entrara, Diego me dijo: Entrá, matáte, jugáte la vida».
Palermo, quien no sabe si continuará jugando en Boca Juniors, había sido convocado por Maradona para integrar una selección argentina plagada de destacados delanteros como Lionel Messi, Diego Milito, Gonzalo Higuaín, Carlos Tévez y Sergio «Kun» Agüero.
Varita mágica
No es habilidoso, pero sí efectivo. Palermo, de 1,92 metros de altura, fue siempre considerado, incluso, por sus propios admiradores como un «tronco».
Muchas veces su remate fue con el tobillo, la cadera, la nuca o con los dos pies juntos, pero la pelota siempre tuvo destino de gol. Claro, también convirtió tantos espectaculares, como uno desde la mitad de la cancha en un partido de Boca contra Independiente.
Las desgracias, pese a ello, le persiguen. Él ha resistido.
En su paso por España con el Betis, Palermo sufrió una lesión cuando fue a festejar un gol con los fans. Una baranda cedió y le fracturó un tobillo.
En Boca, hizo un gol pese a tener rotos los ligamentos de una rodilla.
En la Copa América de Paraguay 1999, erró tres penales en el mismo partido, en el que Argentina fue eliminada, pero en otro encuentro en su país tuvo la suficiente «habilidad» para convertir una pena máxima pegándole al balón con los dos pies después de resbalar.
Un santo para Maradona
Tras consagrarse como el máximo artillero histórico de Boca con 222 goles, Palermo sedujo a Maradona, cuyas palabras reflejaron la confianza en él: «Es San Palermo».
El entrenador, que parecía necesitar de un milagro cuando Argentina estuvo a punto de no clasificar para Sudáfrica, confió en su instinto y pensó que Palermo podría conseguir hasta lo imposible en la eliminatoria sudamericana.
Y pasó. Argentina perdía 1-0 con Perú y «el Loco», fiel a su costumbre estuvo en el lugar y el momento indicado, marcó el gol de la salvación faltando 60 segundos para el final.
Ahora, mientras todos esperan los goles de Messi, Palermo mira desde el banco y espera, sabiendo que en cualquier momento entra para tratar de seguir escribiendo su película, que podría tener un final perfecto si contribuye a que Argentina gane un título que no logra hace 24 años.
