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Así roban tu identidad con un código de WhatsApp en RD

El robo de cuenta de WhatsApp es uno de los riesgos más frecuentes y preocupantes actualmente en el país. Estafas con WhatsApp en RD no son un mito urbano ni algo que solo le pasa a gente tecnológicamente analfabeta; son una industria eficiente que mueve millones. Te llega un mensaje, un supuesto error o una urgencia de un conocido. Soltaste seis números sin pensar y la pantalla se fue a negro. En ese instante, perdiste el control de tu vida digital y tu agenda de contactos se convierte en la próxima lista de objetivos.

Es casi rutinario. Alguien recibe un SMS con un código de verificación de WhatsApp que no pidió. Segundos después, un contacto —que parece legítimo porque usa la foto y el nombre de un amigo— escribe diciendo: “Perdona, te envié un código por error a tu teléfono, ¿me lo puedes pasar?”. La cortesía te mata. Copias, pegas y envías. Fin del juego. Acabas de entregarle la llave de tu cuenta a un desconocido que probablemente esté operando desde un centro penitenciario o una oficina clandestina con decenas de chips prepago. Así ocurre el robo de cuenta de WhatsApp.

La simplicidad del ataque asusta. No necesitan malware sofisticado ni fuerza bruta contra los servidores de Meta. Solo necesitan que tú, el usuario, abras la puerta. Y funciona porque el cerebro humano está condicionado para ayudar o resolver errores rápidos.

Ingeniería social pura y dura

Lo que ocurre detrás de la pantalla es un secuestro de sesión. WhatsApp, por diseño, solo permite una instancia activa en un teléfono móvil. Cuando alguien registra tu número en otro dispositivo, la aplicación envía un SMS de confirmación al dueño de la línea (tú) para validar que quien solicita el acceso es legítimo. El atacante ya tiene tu número; solo le falta ese código de seis dígitos para completar la migración y lograr el robo de cuenta WhatsApp.

Si se lo entregas, la aplicación en tu teléfono detecta que la cuenta se activó en otro lado y se cierra automáticamente. Te quedas fuera.

Pero el problema escala rápido. Una vez dentro, el atacante activa la verificación en dos pasos (esa que tú no tenías activada) y le pone un PIN propio. Ahora, aunque intentes recuperar tu cuenta solicitando un nuevo SMS, WhatsApp te pedirá ese PIN que el hacker acaba de configurar. Estás bloqueado por siete días. Siete días en los que el estafador tiene vía libre para escribirle a tu madre, a tu jefe o a tu pareja pidiendo dinero por una “emergencia médica” o un “problema con la transferencia bancaria”.

No es un fallo de seguridad de la aplicación, es un fallo en el protocolo de confianza del usuario. Según reportes recientes de medios especializados como Wired, este tipo de ataques de ingeniería social ha desplazado al malware técnico como la principal amenaza para usuarios móviles. La efectividad radica en la suplantación de identidad: no desconfías porque la petición viene de un «amigo».

El buzón de voz es la puerta trasera

Existe una variante más agresiva que ni siquiera requiere que interactúes con el atacante. Ocurre mientras duermes. Los fraudes digitales en República Dominicana han evolucionado hacia el «buzón de voz». El atacante solicita el código de verificación de WhatsApp a tu número en plena madrugada. Como estás dormido, no ves el SMS.

WhatsApp, al ver que no ingresas el código, ofrece la opción de «recibir una llamada» para dictar los números. El hacker solicita esa llamada. Como no contestas, la llamada automatizada de Meta deja el código grabado en tu buzón de voz.

Aquí está el error fatal: la mayoría de las operadoras configuran el acceso remoto al buzón de voz con claves genéricas como «0000» o «1234», o a veces sin clave si se llama desde otro número con ciertas técnicas de spoofing. El atacante accede a tu buzón, escucha el código que te dejó WhatsApp y toma tu cuenta mientras roncas. Al despertar, tu teléfono dice «Tu número de teléfono ya no está registrado en este teléfono». Entonces, el robo de cuenta de WhatsApp sucede incluso sin que interactúes.

La barrera del doble factor

La única defensa real, tangible y efectiva contra esto no es un antivirus. Es la verificación en dos pasos (2FA). Es una capa de seguridad que vive en los servidores de WhatsApp y no en tu tarjeta SIM. Al activarla, configuras un PIN de seis dígitos que la aplicación te pedirá periódicamente y, obligatoriamente, cada vez que intentes registrar tu número en un nuevo dispositivo.

Si un atacante logra engañarte para que le des el código SMS, o si logra sacarlo de tu buzón de voz, se topará con una pared: el PIN de seguridad. Sin eso, el SMS no sirve de nada.

Configurarlo toma menos de treinta segundos: Ajustes > Cuenta > Verificación en dos pasos. Pones un código que recuerdes y un correo de recuperación. Esos treinta segundos marcan la diferencia entre seguir usando tu teléfono y tener que explicarle a medio mundo por Instagram que no les pediste cinco mil pesos prestados.

¿Por qué esto aparece en Google Trends?

La frecuencia de estos casos en RD se ha disparado en el último trimestre. No es casualidad. Las bases de datos de números telefónicos circulan con facilidad y los ataques son automatizados. No eres un objetivo específico; eres un número en una lista. Si caes, bien. Si no, pasan al siguiente.

Lo preocupante es la lentitud de respuesta. Recuperar una cuenta secuestrada puede ser un proceso tortuoso si el atacante fue rápido blindando el perfil. El soporte de WhatsApp es automatizado y lento. Muchas veces, la única solución es esperar a que caduquen los tokens de sesión del atacante, lo cual deja tu identidad expuesta por horas o días. Asimismo, el robo de cuenta de WhatsApp puede ocasionar graves consecuencias para tu privacidad.

Cuesta ignorar que la educación digital sigue siendo precaria. Seguimos tratando los códigos de verificación como si fueran un trámite burocrático, sin entender que son las llaves de la bóveda.

Nadie está exento. Desde periodistas hasta funcionarios han perdido el acceso. La próxima vez que recibas un mensaje extraño, una solicitud de ayuda financiera urgente o un código que no pediste, detente. La urgencia es el arma del estafador. Si dudas, llama por voz tradicional a la persona. Si no contestan, ya tienes tu respuesta.

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