Astrónomos cuestionan teoría sobre el destino de la galaxia
Desde hace más de un siglo, los astrónomos han predicho una colisión entre nuestra galaxia, la Vía Láctea, y la galaxia de Andrómeda, un evento estimado para dentro de 4.500 millones de años. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Nature Astronomy sugiere que esta colisión galáctica, conocida como Milkomeda, podría no ser tan inevitable como se pensaba.
¿Es inevitable la fusión entre la Vía Láctea y Andrómeda?
Aunque Andrómeda y la Vía Láctea se acercan a una velocidad de 100 km por segundo, y están separadas por unos 2,5 millones de años luz, los astrónomos descubrieron que hay solo un 50 % de probabilidad de colisión en los próximos 10.000 millones de años. La probabilidad de que esto ocurra dentro de 4.000 o 5.000 millones de años, como se creía antes, es apenas del 2 %.
La influencia de otras galaxias en el Grupo Local
El estudio, basado en 100.000 simulaciones con datos del telescopio Hubble y Gaia, analizó la influencia de otras galaxias cercanas, como la Gran Nube de Magallanes (LMC) y M33, satélite de Andrómeda. Estos cuerpos ejercen fuerzas gravitacionales que podrían alterar significativamente la trayectoria de las galaxias principales.
“La LMC empuja a la Vía Láctea fuera de su trayectoria orbital, reduciendo la probabilidad de fusión con Andrómeda”, explicó Till Sawala, astrónomo de la Universidad de Helsinki.
Simulaciones del futuro galáctico
Las simulaciones muestran dos escenarios posibles:
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Colisión futura: En más de la mitad de los casos, la Vía Láctea y Andrómeda se acercan, pierden energía orbital y terminan fusionándose.
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Encuentro sin colisión: En otras simulaciones, ambas galaxias se cruzan sin llegar a fusionarse, alterando sus estructuras sin una destrucción total.
La fusión con la LMC parece inevitable
Según el estudio, es casi seguro que la Vía Láctea se fusione con la LMC en los próximos 2.000 millones de años. Aunque esta fusión no destruirá nuestra galaxia, podría transformar su estructura, especialmente en torno al agujero negro supermasivo central.
“La fusión con la LMC no será catastrófica, pero cambiará profundamente nuestra galaxia”, afirmó Carlos Frenk, coautor del estudio y profesor en la Universidad de Durham.
¿Y la Tierra?
Más allá de las colisiones galácticas, el destino de la Tierra está más ligado al fin del Sol. En unos 5.000 millones de años, el Sol se convertirá en una gigante roja, posiblemente engullendo la Tierra. En comparación, cualquier colisión galáctica tendría efectos mínimos sobre nuestro planeta.
Incertidumbre en el futuro cósmico
Debido a la complejidad de los movimientos galácticos y a las múltiples variables involucradas (posiciones, velocidades, masas), los investigadores concluyen que el destino final de la Vía Láctea sigue abierto. Se espera que nuevas mediciones del telescopio Gaia, programadas para 2026, ayuden a reducir estas incertidumbres.

