• 15 febrero, 2026

Austin Wells y el valor de elegir la patria del corazón

Por Kilvin Toribio 

Cuando un pelotero nacido en Estados Unidos, figura emergente de los New York Yankees, decide representar a República Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol, la noticia trasciende lo deportivo. Es, ante todo, un acto de identidad.

Austin Wells, receptor de 26 años, pudo optar por el equipo estadounidense. Tenía condiciones y espacio competitivo para aspirar a un puesto. Sin embargo, eligió la bandera dominicana, respaldado por la herencia de su madre y de sus abuelos maternos nacidos en esta tierra. Eligió la raíz.

En una época donde la globalización diluye fronteras y la nacionalidad suele reducirse a un documento, Wells recuerda que la patria también se construye desde la memoria familiar, la cultura y el sentido de pertenencia. No es solo el lugar de nacimiento; es el lugar que se honra.

República Dominicana ha sido históricamente una potencia exportadora de talento en el béisbol. Pero pocas veces se detiene a ponderar lo que significa que un jugador formado en el sistema estadounidense, con la posibilidad real de integrar la selección de su país natal, decida vestir la camiseta dominicana. Es una decisión que fortalece el vínculo con la diáspora y proyecta al país más allá de su territorio geográfico.

El gesto merece validarse en toda su dimensión.

No se trata de exageraciones ni de discursos grandilocuentes. Se trata de comprender el peso simbólico. Cuando un jugador de una franquicia con la tradición de los Yankees elige representar a Dominicana, envía un mensaje claro: la identidad dominicana es profunda y trasciende generaciones.

El Estado dominicano —a través del Congreso Nacional, el Ministerio de Deportes o una alcaldía vinculada a sus raíces familiares— debería considerar un reconocimiento formal. No como un acto protocolar vacío, sino como una señal de gratitud hacia quienes, pudiendo elegir otra bandera, optan por la tricolor.

El béisbol es parte esencial de la identidad nacional. Es cultura, economía, proyección internacional y orgullo colectivo. En el escenario del Clásico Mundial, cada selección representa mucho más que un equipo: es una embajada deportiva.

Hay decisiones que se toman con la razón y otras con el sentimiento.

La de Austin Wells representa ambas dimensiones.

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