Casi la mitad de la población de América Latina, alrededor del 47 %, acudirá a las urnas en 2026 en un intenso calendario electoral que ya comenzó en Costa Rica, continúa este fin de semana en Perú y se extenderá a otros países clave de la región. En todos estos procesos hay un elemento común: la fuerte influencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como principal actor externo.
En los próximos meses, Brasil celebrará elecciones en octubre, donde el presidente Luiz Inácio Lula da Silva buscará la reelección. Antes, Colombia votará en mayo en medio de una alta polarización, mientras que Haití tiene previsto acudir a las urnas en agosto tras años de retrasos provocados por la violencia y la crisis institucional.
Las campañas electorales en la región están marcadas por la inseguridad, la inestabilidad política y la incertidumbre en las relaciones internacionales, especialmente ante una política exterior estadounidense más activa. Esto ha obligado a los candidatos a responder una pregunta clave: cómo gobernar sin afectar la relación con Washington.
Trump, factor determinante
Desde el inicio de su segundo mandato, Trump ha reforzado su presencia en América Latina, en una estrategia que algunos analistas comparan con la influencia de Estados Unidos durante la Guerra Fría.
El internacionalista Abelardo Rodríguez Sumano sostiene que Trump busca consolidarse como líder del hemisferio occidental y promover un alineamiento político con su agenda. Según explica, los gobiernos que adoptan posturas confrontativas enfrentan tensiones inmediatas con Washington.
Casos recientes evidencian esta dinámica. En Honduras, Trump advirtió que no cooperaría con el país si no resultaba electo el candidato Nasry Asfura. En Argentina, condicionó el respaldo económico a una victoria del oficialismo liderado por Javier Milei. En ambos escenarios, los resultados favorecieron a sus intereses.
Para el analista Farid Kahhat, estas acciones representan una forma de presión directa sobre los votantes. Sin embargo, advierte que la intervención estadounidense también puede resultar contraproducente, como ocurrió en países como Canadá y Australia.
Elecciones clave en la región
En Colombia, el contexto electoral está marcado por la relación con el presidente Gustavo Petro, quien ha tenido tensiones con Trump, aunque recientemente ambos gobiernos han mostrado señales de acercamiento.
En Brasil, el escenario es distinto. Como la mayor economía de la región y miembro del bloque BRICS, el país tiene mayor margen para enfrentar presiones externas. Aun así, Trump ha mostrado simpatía por el expresidente Jair Bolsonaro, lo que podría influir en la contienda electoral.
Seguridad y “mano dura”
El aumento del crimen organizado ha convertido la seguridad en un eje central de las campañas. En este contexto, gana terreno el llamado “modelo Bukele”, impulsado por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, basado en políticas de mano dura contra la delincuencia.
Analistas coinciden en que este enfoque favorece a candidatos de derecha, aunque advierten que no necesariamente resuelve los problemas estructurales de seguridad.
Crisis de representación
Otro fenómeno relevante es el debilitamiento de los sistemas políticos tradicionales. En países como Perú y Colombia, la fragmentación y el surgimiento de candidatos “outsiders” reflejan el descontento ciudadano con las élites.
En Perú, por ejemplo, más de 30 aspirantes compiten por la presidencia y ninguno supera el 20 % en intención de voto, lo que anticipa un escenario altamente volátil.
Un escenario incierto
La región enfrenta así un año electoral decisivo, en el que se combinan factores internos —como la inseguridad y la economía— con presiones externas lideradas por Estados Unidos.
En este contexto, América Latina busca redefinir su posición en el escenario internacional, mientras se adapta a un nuevo equilibrio de poder en el hemisferio.
