Contenido de los medios en línea

contenido-de-los-medios-en-linea.jpgDe Rafael Núñez

Desde que surgieron el proyecto Rand de apoyo para investigaciones universitarias y la red mundial de ordenadores, propiciada esta última por J.C.R Licklider, en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos en las décadas de los años cincuenta y sesenta, es mucho lo que han evolucionado las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs). La velocidad y el alcance de estas herramientas de la modernidad son tan impresionantes que, al momento actual no hay ningún invento que haya transformado tan positivamente la vida de los seres humanos en el planeta.

Las redes sociales (Twitter, Facebook, LinkedIn, Myspace, BlackPlanet, Flickr, entre otras), además de servir como soportes fundamentales para ganar estrategias de comunicación política, como fue el caso del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama,  vienen a deshumanizar el mensaje de quienes sirven de emisores. Sin embargo, esta deshumanización del emisor tiene sus límites, como ha ocurrido con otros grandes inventos de la humanidad.

Ni el teléfono ni la imprenta se introdujeron tan rápido y en tantos rincones en un tiempo relativamente corto como ha sucedido con el internet y las redes sociales. Estos nuevos medios de comunicación no solo colocan a la persona en capacidad de publicar sus propias informaciones y tener acceso a toda aquella que es puesta en el ciberespacio, sino que permite que cualquiera publique sin pasar por el filtro de los medios tradicionales.

Cuando el teléfono de Graham Bell fue inventado y su masificación se inició en los años sesenta y setenta en la República Dominicana, recuerdo que algunas personas utilizaban este novedoso invento para dar “latas” a los amigos o vecinos. Ese equipo novedoso no solo tiene la virtud de comunicarte rápido con una persona que está muy distante, dirían aquellos bellacos, sino que sirve para hacer travesuras. Sin embargo, hoy día esa “utilidad” no tiene muchos seguidores.

El últimos de los grandes inventos, pues, es el internet y dentro de éste las redes sociales.

¿Qué son las redes sociales, que han llegado para intranquilizar al propio Departamento de Estado de Estados Unidos, llevarse de encuentro a gobiernos como el de Túnez y Egipto, y llenar de preocupación a los que están conscientes de faltas en el respeto a los derechos humanos?

José Antonio Redondo, director de la web de cultura del Corte Inglés, en su libro “Socialnets”, la define de la siguiente manera: “Son aplicaciones basadas en web inicialmente destinadas a construir o reflejar las relaciones sociales entre personas; actualmente, también reflejan nuestra pertenencia a empresas o grupos, y nuestras aficiones”. Cuando se habla de Web 2.0, medios sociales o medios en línea se refiere a los mismos conceptos.

Las tecnologías no se pueden ver como una amenaza para nadie: ni para las empresas, personas, grupos religiosos, gobiernos, universidades, ni para los medios tradicionales, prensa escrita, radio y televisión.

El estratega de marketing Web 2.0, David Meerman Scott, autor del libro “Business World Wide Rave: Crear detonantes que hagan que millones de personas transmitan tus ideas y compartan tus historias”, entiende que “los nuevos medios sociales representan una manera totalmente innovadora de que los individuos se comuniquen. Se trata de una transmisión de información más personal, más global y menos discriminante”.

No cree Meerman Scott aún que las redes sociales vayan a reemplazar los medios tradicionales. Pero cuando se debate sobre los contenidos en las redes sociales, que es el punto que me lleva a escribir este artículo, podemos volver a los orígenes de otros grandes inventos y su utilización para el bienestar, la paz, la prosperidad y beneficio del bien común.

¿Está bien que una persona utilice estas herramientas de la modernidad para airear su vida íntima?  Esa es una decisión muy personal de cada quien. Si ciertamente el internet y las redes sociales tienden a deshumanizar la comunicación, pues la gente necesita sentir que tiene una relación personal con un político, artista, empresario u otra figura pública, también hay que tomar en cuenta que hay una línea entre la imagen pública y la privacidad.

Sé la historia de una adolescente que entra en discusión  con su madre por un asunto de noviazgo con un joven de una pinta no muy buena. La muchacha le dice a la madre que no se meta con su vida privada, a lo que la madre le respondió que cuán privativa es su vida, si todo lo de ella se publica en facebook. Ese es el tema. ¿A quién le importa tu vida intima? A nadie.

La empresa texana de mercadeo Pear Analytics hizo un estudio de contenido en el año 2009 sobre 2 mil tweets. De ellos, 811 fueron palabras sin sentido (40.55 por ciento); 751 tweets fueron de conversaciones (33 por ciento); 174 retweets, es decir repetidos (8.70 por ciento); 117 tweets de autopromoción (5.85%) y 75 correos basura (3.75 %). ¿Qué les parece?

Barack Obama, el político en ejercicio de la Presidencia que mejor ha utilizado las redes sociales, pues sus contenidos estuvieron presentes en 16 diferentes medios en línea, utilizó ciertas informaciones que hacían ver a sus seguidores que estaban cerca de él. Si hay un factor determinante en su triunfo lo constituye la correcta utilización de las redes sociales.

Obama, no obstante, o cualquier otra figura que sepa utilizar las redes sociales adecuadamente, no subió al ciberespacio sus intimidades, como no lo hará nadie que tenga dos dedos de frente. Aquella fiebre de dar “latas” a los vecinos con el nuevo juguete (el teléfono) prácticamente pasó al olvido, y con las redes sociales ocurrirá igual.

Los contenidos en los medios sociales tienen que ser manejados con tacto, de manera que los seguidores no perciban que se crea un muro con ellos al no dar ni una pisca de la vida personal, creando el efecto de imagen no humana. Pero tampoco las redes deben ser utilizadas como portal para difundir los detalles personales de la vida de nadie. Se debe recordar que lo que aparece en el ciberespacio, en las redes sociales, es de dominio público y permanece en el tiempo.