Cuentos Sociales

Analgésico Fotográfico

De Marcos Sánchez
Uno de los factores que el ser humano menos desea experimentar es la nostalgia.

Cuando se nos va alguien por un tiempo solo queda el recuerdo físico de algo que nos haya dejado, pero sin lugar a dudas el mejor de todos, es la fotografía.

De hecho, el término “fotografía” se empleó por primera vez el 25 de Febrero de 1839 cuando el astrónomo alemán Johann Heinrich von Mädler la utilizó en el periódico de su país, Vossische Zeitung.

Está documentado que en Marzo de ese año, Sir John Frederick William Herschel, renombrado matemático, astrónomo, quimico y fotógrafo-inventor experimental inglés, la dio a conocer mundialmente.

De todas formas, capturar un momento de nuestra existencia en una fotografía, nos servirá para referencia obligatoria a futuras generaciones.

Desde que tengo uso de memoria, las fotos han sido una constante en la vida de todo quien nos rodea. Sin embargo me encontré con un curioso caso hace unos días…

-“Buenas tardes señorita”

-“Buenas tardes señor. ¿Es usted el Intérprete?”

-“Sí para servirle”

-“Mi jefe me dijo que le vaya verificando estas hojas en lo que llega”

-“Discúlpeme joven. ¿Le mencionó él si éste era el trabajo?”

-“Bueno, sólo me dijo que le pidiera si podía traducirle estos documentos”

-“OK. Gracias”

Me encontraba en una oficina de un reconocido empresario de la construcción y el flujo de varias personas era interminable. Convergían además empleados internos y externos junto a innumerables clientes.

La recepcionista me hizo la vida cómoda al invitarme a pasar a un salón en donde tendría absoluta libertad de espacio y también un fino escritorio para apoyar. Anexo, estaba la ambientación, que bien parecia un sepulcro dado el dominante silencio que regenteaba el lugar.

Terminé la traducción en unos 15 minutos y opté por quedarme allí hasta que la joven me llamara.

Las modernas puertas de cristal, le permitían a uno poder tener contacto visual con casi todo el perímetro de la recepción más la entrada principal del edificio.

Miraba con sumo asombro cómo la recepcionista miraba fijamente un portaretratos cada vez que levantaba la mirada. No podía definir su fabricación, pero la estructura emulaba un tradicional portaretrato de madera, aunque la fijación visual de la muchacha me hacía pensar que a lo mejor era digital.

Llega mi cliente y rápidamente entramos en acción con un potencial inversionista quien había exigido negociar que los términos a discutir de un importante proyecto, se hablarían en Inglés.

Tras par de horas, finalizamos la jornada y el cliente me da las gracias al momento de decirme que pasara por la recepción para recoger mi pago.

Me dirijo solícito hasta donde la joven…

-“Siéntese brevemente por favor. Mandé a cambiar el cheque”

-“Muchas gracias señorita”

-“No es nada”

Breves instantes después llega la persona con el cambio, la joven me paga y antes de irme le pregunto…

-“Discúlpa mi curiosidad, pero ¿es ese portaretratos digital?”

-“Je,je,je ¡no para nada! es de madera. ¿Por qué?”

-“Es que notaba que lo miraba insistentemente”

-“Ja,ja,ja lo que pasa es que leí en un artículo que mirar la foto de un ser amado reduce el dolor en un 44%”

Semejante respuesta me dejó atónito y sólo reí y me retiré.

Al llegar a mi casa, inicié a hurgar sobre el tema y me enteré que recientemente se realizó un estudio entre 8 mujeres y 7 hombres que arrojó como resultado (vía una máquina de resonancia magnética escaneando sus cerebros) que al mirar fotos de seres amados reducía el dolor entre un 36 y un 44 por ciento.