Cuentos Sociales

Fiestas Patronales

Muchas de mis amistades me preguntan con suma frecuencia por qué insisto tanto en hablar siempre de los aspectos sociopolíticos y culturales de la década de los 80.
Unos entienden que nos quedamos en ‘ese viaje’ y otros corroboran con nuestra posición, pero lo cierto es que todo fue más sano en aquel entonces en varios órdenes.

Una de las épocas más anheladas eran las del verano simbólico (dado el hecho que en nuestro país el verano es prácticamente eterno) porque en ellas estaban incluídas las populares fiestas patronales.

El parque central era el sitio predilecto para que se congregara todo tipo de gente.

Allí usted se encontraba con personas de sectores tan opuestos como Quisqueya o Bancola. También convergían gente de La Avenida y zonas aledañas con los representantes de Papagayo, Preconca, Villa Verde, Los Multi y San Carlos.

El lugar era tomado como una especie de pasarela social ya que se podía ver a todo el mundo intentar llamar la atención del otro, ligar una novia, los famosos tragos sociales y lo más impactante de ese momento: las motonetas, llamadas ‘passolas’ después que la primera de ese tipo (marca Yamaha) llegara al país bajo ese nombre.

Como mencioné en cuentos previos, andaba en la Flush, que por su singular diseño, era desmesuradamente llamativa. Eso me daba amplias ventajas ante mis competidores, quienes con todo y tener motocicletas llamativas, éstas no eran del atractivo de las chicas. Evidentemente, capitalicé el hecho de ser poseedor de la apodada ‘Ferrari de dos ruedas’:

-“¡Hey Marcos tendremos que dejar de salir contigo!. ¡To’ la’ mujere’ quieren salil contigo pol montase en la jodía Flush esa!”, me dice Cristian.

-“Bueno, este momento debo gozármelo porque desde que alguien se compre otra, se acabó el asunto je,je,je”

-“¡E’ que el lío no e’ en sí que haya otra!. ¡Acuéldate que hay do’ grises por ahí y pol alguna razón la’ mujere’ insiten en montalse en la tuya!”

-“Entonces será porque el rojo chino es más llamativo que ese fatídico gris je,je,je. ¡Pero mira! Hagamos algo: ¡préstame tu motor y yo te cedo la Flush y así te darás cuenta qué es lo que pasa!”

-“¡Excelente!”

Hacemos el intercambio y se va a dar mil vueltas alrededor del parque. Yo por mi parte, me quedé cerca del área donde preparaban los ‘Eggburgers’, ultra populares por diferenciarse del tradicional sándwich de jamón y queso por llevar a éstos dos últimos incluídos más un huevo frito como el aditivo final.

Perdí la noción de cuántas vueltas había dado Cristian y en eso, llegan Chichí Michelin, Henry Tuma, Tony ‘Taquito’, Ronald Solis y Geovanny Felin. Era costumbre identificar los nombres de las personas según su origen familiar o su vinculación a nivel empresarial.

-“¡Dímelo Rumors!. ¿Dónde ta’ la Flú?”, me dice Ronny.

-“Se la presté a Cristian para ver si levantaba algo”

-“¿Pero Critian Luí Miguel?”, pregunta Chichí.

-“Si, ese mismo”

-“¡Ay mi madre, pero la veldá e’ que tu ta’loco!. ¡Ese hombre corre como un zeppelin!”

-“Si, Chichí, pero tú sabes cómo son las cosas a veces”

-“Anjá, que se caiga pa’que te vea cómo Don Chicho te va a explicá je,je,je”

Se rieron todos al unísono. Todos sabían que me había ganado la Flush gracias a las buenas notas en el colegio, así como también de las precisas reglas dictadas por mi papá con respecto a prestarla y/o chocarla.

-“Señore’ vamua llegá a San Pedro, damo’ pal de vuelta en el Malecón y venimo’ en la nochecita”, dice Tony.

-“Pero eso e’ ahora polque acueldense que son media hora en carro nolmal y en motore’ taldamo má’”, dice Geovanny.

-“Bueno Rumors dile a Critian que se pare y no vamo to’ ahora”, sentencia Henry.

Resolvemos irnos para San Pedro de Macorís: Geovanny se fue con Ronald; Chichí y Henry en la passola de éste último, mientras que Tony, Cristian y yo nos fuimos por separado.

Para nadie era un secreto que por no tener Malecón en La Romana, resultaba atractivo ir a La Sultana del Este. El trayecto se hacía más largo ya que la Flush sólo alcanzaba los 60 kms/h y eso nos atrasaba. Geovanny y Ronald andaban en un motor que desarrollaba más que las passolas y optaron por ‘irse alante’.

Tony andaba en una passola 125cc e hizo lo propio. Chichí junto a Henry, Cristian y yo seguimos normales y llegar a SPM, nos tomó alrededor de una hora.

Vamos directamente al Malecón y allí comenzamos a dar vueltas a la redonda hasta la madre de las saciedades, paradas repentinas, mirábamos chicas y tomábamos cerveza, sangría y ¡el clásico lava gallo!.

Pasa un buen rato y la noche iniciaba a caer. Tomando en cuenta la distancia y el tiempo que nos tomaba regresar, decidimos ir al lugar donde venden los mejores pasteles en hoja de todo el Este. Comimos y gozamos un mundo.

Al salir, me doy cuenta que la Flush estaba ponchada de la goma trasera. Por fortuna, cerca del restaurant había una estación de gasolina.

Allí, nos recibió un gomero con aspecto ultra sucio, cara de bulldog y unos ojos que brillaban por el monto que sabía nos cobraría a esa hora:

-“Mire amiguito eso le va a cotá a uté trenta peso”

-“¡Pero venga acá gomero y uté cree que somo’ turita!”, le digo.

-“Amiguito, si utede fueran turita, no andarían en passolita a eta hora. Dígame rápido que voy cerrando”, presionaba el gomero.

-“¡Bueno tápela!…”

Hicimos una colecta entre todos y para colmo de males, la Flush era un aparato totalmente automático y la batería se había descargado, por lo que no encendía:

-“¡Ay mi madre!. ¡Mira que hora e’ y yo no puedo llegal talde a mi casa!”, dice Cristian.

-“¿Pero y cuál e’ tu apuro?. Aquí andamo’ to’ junto o ¿qué tu pretende?. ¿Dejá a Malco aquí?”

-“No, no, lo que pasa e’ que el viejo me mata si llego entrada la noche”, dice un desesperado Cristian.

En ese entonces las celulares se veían sólo en películas de ciencia-ficción y encontrar un centro de llamadas abierto un Domingo era difícil. Chichí convence a Geovanny y éste le da la cantidad más amplia de menudo que haya visto en mi vida. Nos dirigimos a un teléfono público y Chichí llama a su casa:

-“¿Su llamada jovencito, es con cargos al número que llama?”, dice una relajada operadora.

-“No, no. La pago aquí mimo”

-“Muy bien. A medida que le vaya diciendo, deposite la cantidad que le indique”

Suena el teléfono un buen rato y por fin lo toma George, hermano de Chichí:

-“Aló”

-“Jolge, e’ Chichí. ¡Mira! Tamo’ quedao’ aquí en San Pedro. ¿Tú cree’ que tú pueda’ vení a bucano?”

-“¡¿Pero ven acá muchacho del diablo y tú te ta’ volviendo loco?!. ¡¿Y qué tú hace’ en San Pedro a eta hora?!”

-“Jolge mira te toy llamando de un teléfono público y no tenemo’ mucho cualto. Dime pol favol si puede vení a bucano ombe…”

-“¡Namá ta’bueno pa desícelo a papi!. ¿Cuanto son utede?”

-“Malco y yo y losotro muchacho andan en su motore”

-“¡¿Malquito el de Doña Ofelia?!”

-“Siiii Jolge…dime si va a vení…?”

-“Si Don Chicho se entera de que ese muchacho anda en esa passolita pa’ San Pedro vamoa llevá to’. ¿Dónde ‘tan utede’?”

-“Joven le queda un minuto”, dice la operadora.

-“En la bomba celca del palque pol donde venden lo patele en hoja”, le indica al momento de colgar.

Geovanny y Tony tenían que trabajar bien temprano al día siguiente. Se disculparon y se llevaron a Ronald.

Eran ya casi las 10 de la noche y llega George en uno de los camiones de su papá. Subimos rápidamente la Flush al igual que la de Henry.

Chichí se sentó adelante y llevaba una auténtica batería de advertencias que le daba George, mientas que Henry yo, nos quedamos en la cama de atrás del camión.

En una, se ve una silueta oscura a lo lejos. Daba la impresión que era un motorista. Al acercarnos más, nos dimos cuenta que efectivamente era alguien en un motor y el susodicho ¡era Cristian!:

-“¡¿Pero ven acá y pol qué no no’ eperate?¡”, le vocifera Chichí.

-“E’ que… (mientras manejaba)…¡mi papá me va a matá men!”

-“¡Pero vamo’ a llevate to’ junto a tu casa!”

-“¡Ese e’el lío!. ¡No puedo llegá a mi casa en eta vaina!”

-“¡¿Cómo que no?!. ¡¿Y ese no e’tu motol?!”

-“¡Si, pero salí en el camión de mi papá y lo dejé palquiao’ frente al palque!”
Me castigaron por 2 semanas sin la Flush; Chichí recibió el dulce contacto de una gruesa correa de cuero; Cristian corrió la misma suerte. Henry, Tony, Ronald y Geovanny negaron habernos visto ese día.