BAKU, AZERBAIYÁN —(VOA),-Retórica elevada, súplicas urgentes y promesas de cooperación contrastaban este lunes con un contexto de cambios políticos sísmicos, guerras globales y dificultades económicas en el inicio de las negociaciones climáticas anuales de Naciones Unidas, que abordaron de inmediato la parte más difícil: el dinero.
El dinero está destinado a ayudar al mundo en desarrollo en la transición de sus sistemas energéticos, desde los combustibles fósiles que calientan el planeta hacia la energía limpia, compensar por desastres climáticos mayormente provocados por las emisiones de dióxido carbono de las naciones ricas y adaptarse a futuros climas extremos.
«Estos números pueden parecer grandes, pero no son nada comparados con el coste de la inacción», dijo el nuevo presidente de la COP29, Mukhtar Babayev, al asumir el cargo.
«La COP29 es un momento de verdad para el Acuerdo de París», que en 2015 estableció el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 grados Celsius (2,7 grados Fahrenheit) desde tiempos preindustriales.
Este año, el mundo va camino de alcanzar 1,5 grados Celsius de calentamiento y se dirige a convertirse en el año más caluroso en la civilización humana, anunció a principios de este mes el servicio climático europeo Copernicus.
Pero el objetivo de 1,5 grados del Acuerdo de París es sobre décadas, no sobre un año de ese nivel de calentamiento.
