Desastre medioambiental apocalíptico
Por Manuel Vólquez
Las fuertes tormentas que están azotando varias ciudades estadounidenses, no es nada nuevo. Fueron advertidas, hace años, por algunos científicos a través de entrevistas, artículos periodísticos y redes de canales especializados en la difusión de documentales sobre asuntos espaciales. Es el producto de los efectos demoledores del cambio climático provocado por la polución desplazada por las grandes industrias situadas en los países más desarrollados (Estados Unidos, Rusia, China, India, Japón, Alemania y Corea del Sur), principalmente por la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas. Estas potencias han llevado a cabo una explotación intensiva de los recursos naturales y han emitido grandes cantidades de gases de efecto invernadero, lo que ha provocado un aumento de la temperatura media del planeta y un cambio en el clima global.
Esas tormentas son causadas por la interacción de masas de aire cálido y húmedo provenientes del Golfo de México con masas de aire frío y seco del norte. Esta combinación crea un entorno propicio para la formación de tormentas severas, que a menudo culminan en tornados. La proximidad del Golfo de México y las Montañas Rocosas facilita la confluencia de ingredientes de esos fenómenos en la parte central de los Estados Unidos.
Esas cosas no ocurrían con tanta intensidad, pero todo está cambiando. Pienso que la mayor parte de los pobladores del planeta Tierra no muestra interés o no están informados de los fenómenos naturales que nos amenazan constantemente. Se pasan largas horas en actividades políticas, culturales, religiosas, deportivas, en francachelas etílicas o manipulando herramientas de efectos tóxicos y alienación mental, como los celulares, la televisión y otros, y no dedican tiempo para leer sobre temas de ciencia. Saben que existen como humanos (existo, luego pienso), pero no conocen nada del globo que habitan como, por ejemplo, cuántos metros de profundidad tienen los océanos, qué provoca el movimiento de las olas, dónde van a parar las aguas de los ríos, qué pasaría si nuestro planeta se sale de órbita o es absorbido por el Sol en millones de años y qué son las emisiones de gases de efecto invernadero, etc.
Los soberbios gobernantes mundiales, conocedores de esa realidad, no acatan los consejos de los científicos en el sentido de buscar fórmulas radicales para salvarnos de una catástrofe en progreso (más frecuentes terremotos, huracanes y tornados). El cambio climático se refiere a la subida anormal de las temperaturas, que propician el derretimiento de los polos glaciares y aumento del nivel de las aguas oceánicas.
Las implacables tormentas continuarán apareciendo sobre varias ciudades estadounidenses y en el mundo. Si no se presta atención a esa situación, dicen los científicos, los países serán azotados por un calor devastador, lluvias intensas, inundaciones, un clima más frío y las nevadas más intensas; morirán frisadas miles de personas, colapsarán los servicios de transporte terrestre, marítimo y aéreo, así como la electricidad, de salud, alimentación, educación, comunicación e informáticos.
Al parecer, los líderes de las grandes naciones se ocupan más de las guerras, de los genocidios balísticos contra poblaciones indefensas, que en evitar un desastre medioambiental apocalíptico, que arrastra el cambio climático. El tema ha sido debatido en sesiones de la ONU, sin resultados. ¡Qué pena!

