• 1 diciembre, 2022

Dolorosas desapariciones forzadas

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Por Manuel Vólquez

No dejo de pensar en las desapariciones misteriosas de personas en la República Dominicana que nunca regresan. Se trata de un fenómeno tedioso que mantiene en zozobra a los familiares.

He visto varias veces un documental de History Channel que explicaba una relación entre las desapariciones y los alienígenas. Decía que millones de esos seres extraterrestres conviven camuflados como humanos en el planeta Tierra, cumpliendo una misión específica y que al terminar esa jornada, se ausentan sin dejar rastros llevándose a otras personas para analizar su estructura orgánica.

Muchos dirían que esa versión no tiene sentido o que es una fábula, podría ser, pero resulta que varios historiadores y científicos están estudiando ese argumento, sobre todo el misterio de las desapariciones.

En un recuento tal vez inexacto, se calcula que en la República Dominicana unos 688 ciudadanos se encuentran extraviados desde el 2019 a la fecha. Se han dado situaciones de personas encontradas muertas en matorrales, ríos y casas abandonadas días o semanas después de ser declarados como desaparecidos, eventualidades que se consideran excepcionales o menores asumiendo la hipótesis de que pudieron ser víctimas de manos criminales.

Son impactantes sucesos que con el paso del tiempo se han convertido en una especie de enigmas sin soluciones aparentes que encajan en la escala de las cosas extrañas que rodean a los humanos.

Hay gentes que han salido a ejercitarse, a pasear, a realizar diligencias, y nunca regresaron. En esa lista hay ancianos, niños, adolescentes y jóvenes de 20 a 35 años de edad. Sucede en cualquier país, como Europa, Asia, Estados Unidos, Puerto Rico, etc., donde existen numerosos agentes policiales y federales equipados con tecnologías para investigar esos hechos.

Las estadísticas de la Procuraduría General de la República Dominicana refieren que en el 2022 los extraviados suman al menos 79 personas. En el año 2021 se ausentaron 201; en el 2020, las fiscalías recibieron 95 denuncias de evaporaciones humanas.

La única respuesta de que alguien no regrese luego de marcharse, es que lo asesinen y lancen el cuerpo, atado a un block o una piedra gigante, a las profundas aguas del océano o un río y en una fosa situada en un bosque o unos matorrales lejanos. Fue lo que sucedió con la niña de 9 años del ensanche Isabelita, cuyo violador y asesino, condenado a 30 años de prisión, confesó que la introdujo en un saco con piedras y lo tiró al mar. El cuerpo aún no ha sido encontrado.

Vi en la famosa película de asesinos en serie, Blacklist (lista negra), en la que se muestran técnicas de cómo librarse de un cuerpo para que nunca lo encuentren. Esa tarea estaba a cargo de un equipo conocido como “Limpiadores”, que borran las huellas (la sangre y otras evidencias) del lugar donde se ha cometido un crimen. El método es sencillo: colocaban el cuerpo de la víctima con toda su vestimenta en la tina del baño, le rocían unas sustancias químicas líquidas que reduce al instante el cadáver en diminutas partículas que se esfuman por las cañerías. Así, jamás encontraban el cuerpo.

Llama la atención la forma cómo nuestras autoridades manejan esas informaciones. Solo se limitan a recibir las denuncias y, al parecer, dan poco seguimiento a los casos, lo que genera impotencia en los desesperados y apesadumbrados parientes de aquellos que se han marchado sin un retorno.

Concuerdo con los señalamientos del médico psiquiatra José Miguel Gómez de que el Ministerio Público, la Policía Nacional o Salud Pública deben crear una unidad que brinde acompañamiento

emocional, psicológico y afectivo a los familiares de esos extraviados debido al sufrimiento, la angustia y la agonía que padecen por la ausencia física de sus seres queridos.

Apunta el galeno que “ese estado no es fácil y más cuando una familia tiene que ir acumulando los objetos de ese hijo desaparecido, la ropa, un retrato, todos los días es como vivir un duelo que no acaba”.

En los pasados años, surgieron acontecimientos escalofriantes similares y de triste recordación, como sucedió con el profesor universitario Narciso González (Narcisazo) raptado el 26 de mayo de 1994; Juan Almonte Herrera, miembro del Comité Dominicano de los Derechos Humanos, el 28 de septiembre de 2009; Guido Gil, periodista, abogado y líder izquierdista, luchador de la clase trabajadora de la región Este del país, arrestado en La Romana, el 15 de enero de 1967; Henry Segarra, un dirigente del Movimiento Popular Dominicano, que el 25 de julio del año 1969 se dirigía hacia Dajabón. Tienen en común que jamás volvieron a su hogar.

En esas detenciones, según las reiteradas informaciones difundidas en los medios de comunicación, intervinieron patrullas militares y policiales. Son acontecimientos tipificados como delitos de Estado o de cuarteles que nadie se ha preocupado en aclarar.

Es que a lo largo de la historia, en el mundo se han registrado pérdidas parecidas de individuos, vehículos como barcos y aviones e incluso de poblaciones en su totalidad, como sucedió con la famosa Atlántida, una ciudad legendaria descrita por el filósofo griego Platón (c. 429-347 a. C.) en una conversación entre Timeo y Critias. Se trató de una civilización increíblemente rica y avanzada, que fue tragada por los mares con todos los habitantes. Fue tal su poderío que llegó a dominar el oeste de Europa y el norte del África. Naturalmente, esa narración se considera un mito en la historia aún en fase de investigación.

Muchos consideran a la Atlántida la madre de todas las civilizaciones y refugio de seres con inteligencia superior a los humanos. Poseía grandes conocimientos como la agricultura, la navegación, la forja de metales y otras habilidades que hoy en día se atribuye a Israel, Egipto, Mesopotamia.

Algunas de esas eventualidades no resueltas son relativamente recientes, otras en el mundo están bajo la luz pública desde varias décadas.

Uno de los casos más conocidos es el del vuelo 370 de Malaysia Airlines que se esfumó el 8 de marzo de 2014 mientras se dirigía al Aeropuerto Internacional de Pekín. La tripulación contactó por última vez con el control de tráfico aéreo unos 38 minutos después de despegar, cuando estaba sobre el mar del Este de China. La búsqueda por mar y aire, que involucró a varios países, abarcó al menos tres años, pero el avión y los restos de los 239 pasajeros siguen desaparecidos. Tampoco está claro qué causó que la nave se desviara repentinamente de su curso.

Millones de personas a lo largo de la historia se han desintegrado misteriosamente, como si se las tragara la tierra. Algunos eran famosos, mientras que otros alcanzaron el estatus de celebridad por lo enigmática de su desaparición. Aunque envueltos en leyenda, los hechos siguen siendo desconcertantes y sin haberse resuelto.

Son dolorosas desapariciones forzadas que angustian, entristecen y ponen en zozobra a las familias y a la sociedad.

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