El misterio de nuestra existencia

El misterio de nuestra existencia

Manuel Volquez

Manuel Vólquez

Tengo mis dudas acerca de la versión de la Biblia sobre la creación del universo. Creo que la tesis más aceptable es la Teoría del Big Bang (literalmente gran estallido), que explica que la materia era un punto infinitamente pequeño y de altísima densidad que, en un momento dado, explotó y se expandió en todas las direcciones, creando lo que conocemos como nuestro Universo, lo que incluye también el espacio y el tiempo.

Esto ocurrió hace unos 13.800 millones de años. Los físicos han logrado reconstruir esta cronología de los hechos a partir de un 1/100 de segundo después del estallido.

En ambas versiones existe un punto común que con el tiempo ha sido objeto de debates entre la religión y la ciencia: el universo tiene su origen en una fuerza descomunal que podríamos describirla como extraterrestre. Pero los científicos insisten en señalar que los seres vivos, racionales e irracionales, son el producto de esa explosión y no de la creación divina.

Sin embargo, la humanidad aún vive en un limbo religioso y cultural sin saber la naturaleza real de su origen.

¿Existe o no Dios? ¿Dónde está? ¿Es un espíritu? ¿Fue Dios el creador del universo o se originó de manera circunstancial mediante una explosión?

Esas interrogantes han estado en mi cerebro a lo largo de siete décadas de existencia, lo que me hace dudar de Dios, que su existencia está simbolizada en la fe ciega que el humano tenga en algo que ama, como ocurría en las ciudades de la antigüedad cuando se adoptaba como Dios al sol, el fuego, la luna, especialmente a Hefesto o Vulcano (Dios del fuego), Apolo (Dios de la luz y la verdad), Artemis y Diana (Diosa de la caza, del bosque, de la virginidad y de la luna), Poseidón y Neptuno (Dios del mar), Hera (Diosa del matrimonio y protectora de la familia), Hermes/Mercurio (Dios de los ladrones, de la buena suerte y mensajero de Zeus), Afrodita y Venus (Diosa de la belleza y del amor).

También, Atenea (Diosa de la sabiduría, de la industria, de la guerrera y los guerreros), Zeus (Dios del cielo, la lluvia, y del rayo), Hades y Plutón (Dios del infierno y la sombra), Dionisio y Baco (Dios del vino y de los viñedos), Demeter y Ceres (Diosa de la agricultura, de los granos y las cosechas), entre otros.

En los últimos años, algunos investigadores han tratado de vincular a la humanidad como una obra de alienígenas ancestrales, es decir, de mentes extraterrestres que siempre han estado con nosotros e incluso que se han apareado con hombres y mujeres terrícolas.

Naturalmente, los cristianos refutan esas teorías y tratan de convencernos de que Dios fue el gran gestor de todas las especies humanas, animales, vegetales, mares, ríos, viento, nube y tierra. Llevan miles de años difundiendo, como bocinas, esa verdad, confundiendo a los humanos de mentalidad débil e infundiéndoles terror con el manoseado argumento de que, si

no le sirven a Dios o a Jesucristo, arderán en el infierno cuando llegue el Juicio Final. ¿Cuál juicio y cuál infierno? El infierno no existe, es un mito. Es la estrategia que han estado implementando para atraer fieles a los templos. Así se han convertido en millonarios pastores y sacerdotes, predicando con la fe.

La creencia de que la humanidad tiene origen de naturaleza divina viene de la narración más antigua configurada en Génesis 2,18-25, en el versículo 7, donde se nos narra el origen del hombre, quien modelado por Dios surgiría del polvo de la tierra y recibe el espíritu de vida. Luego encontramos que Dios creó una mujer para acompañarlo como forma de superar la soledad (Génesis 2,18).

Es que el origen de la humanidad siempre será un misterio. Nos queda analizar los argumentos de las teorías evolucionistas.