El remenión sólo quebró los cristales de Viña del Mar

El reloj de la ciudad se detuvo en la misma hora del sismo. Enmudecí. Me temblaban hasta los dientes.
 
 Por Grisbel Medina R.

Viña del Mar, Chile.- Madrugada del sábado: Yamira y yo habíamos llegado de la Quinta Vergara. Aunque avanzábamos la nota en el área de prensa del Festival Internacional de Viña del Mar, al finalizar la jornada, caminamos tres cuadras hasta el caserón centenario donde dormíamos. Allí, en casa de doña Angélica Dueñas, completamos la crónica con el airecito de la madrugada y un friazo que enfriaba las venas caribeñas de ambas.

Tosía una gripe vieja importada de Santiago, pero de los Caballeros. Un compañero de la residencia universitaria se ofreció a prepararme un té. 3:34 de la madrugada. La mesa comenzó a moverse segunditos antes de enviar la nota. A Mauricio Jofre, radialista argentino que mas tarde sería el salvador de la casa, le alerté sobre el temblor de tierra. ¨no, ni loco¨ me respondió.

Luego, no recuerdo cómo, de un salto, Yamira, Mauricio y yo estábamos en la sala de la casa donde acudieron los demás huéspedes de las dieciséis habitaciones. El remenión fue más fuerte allí y el pánico también. La madera crujía en el piso y la escalera. La lámpara de tres faroles parecía un columpio, Mauricio me sujetó al marco de la puerta. ¨Nayelin, Yaritza, mis hijas¨, vociferaba Yamira y a mi no me salía nada.

El sismo de 8,8 grados que azotó a Chile en el bicentenario del proceso de su independencia, tuvo epicentro en la región del Maulé y específicamente en la ciudad de Concepción, se cuentan cientos de muertos. El último reporte, capturado este domingo a media mañana, refiere 392 personas fallecidas a consecuencia del sismo.

La casona, amarilla por dentro y blancuzca por fuera, está clavada en un cerro. Bueno, todo Chile lo es, al ser parte de la llamada Cadena de Fuego (por la cantidad de volcanes) y la Cordillera de los Andes que comparte con territorio argentino.

Nuestro hogar chileno que se zarandeó como un barco tiene un edificio de nueve pisos en la cabeza y una madeja de alambres al frente. Un pasillo divide las otras casas antiguas de la vecindad. Una de ellas, la azulita, es una estancia privada de atención a adultos mayores. Cuando la tierra dejó de bramar, rayando las cuatro de la madrugada, la electricidad nos dejó en tinieblas y el personal del hospicio sacó a los ancianos al patio, sin olvidar las frazadas para acorarles. El frío aquí pica.

Quien más reflejó con gritos su miedo y desesperación fue Nicolás Symmes, relacionista público de un teatro en Santiago de Chile. Parecidísimo al cantante chileno Beto Cuevas, ¨el Nico¨ como le llamamos, llamó y rogó hasta groseramente a alguien por teléfono para que se fueran rápidamente a la capital del país.

Yo había hecho nido en el piso sin despegar la vista de aquella lámpara que parecía una mecedora y a pesar del remenión, no se cayó. No pensé nada. Las imágenes de casa, de la gente que amo, me llegaron después. Cuando la conciencia regresó, entonces el miedo subió de nivel, bajó el llanto y me temblaron hasta los dientes.

Nos tiramos al piso, nos abrazamos. Si, también me asomé al atrio de la casa de tres niveles para mirar la torre que tenemos casi en la cabeza. Aterraba sólo pensar que esas columnas encementadas nos cayeran encima o una chispita de fuego se tragara la casa. Claro, eso pensamos al rato, cuando en ronda, cada quien se dio permiso para deliberar.

Si el sismo que devastó el Centro-Sur de Chile, hubiese ocurrido una hora antes (mientras más de quince mil almas coreaban en la Quinta Vergara) la tragedia hubiese sido mayor. En ese famoso escenario de Viña del Mar se desprendió parte del carril de luces.

A ocho esquinas de la escena pisada por última vez por la colombiana Fanny Lu y Arjona, el guatemalteco del taxi, las agujas del emblemático reloj, rodeado de flores, que identifica a Viña del Mar, se detuvieron la misma hora del temblor. Arjona, quien al igual que el chileno Américo, cosechó dos Gaviotas de Plata en la versión 51 del festival, fletó un autobús y se fue por tierra a la ciudad de Mendoza en Argentina. Igual decisión tomaron Los Fabulosos Cadillacs y Jorge Rojas, presidente del jurado folclórico.
  
Caminata, el silencio

La ciudad de Viña del Mar aparte de hermosa es vivísima. El sismo la apagó. Y le cerró las puertas a todo. La gente de aquí vive a diez horas de Concepción, la ciudad más afectada por el terremoto de 8,8 grados. Hasta ahora se han registrado noventa réplicas.

En Viña no hay muertos. Los daños son leves considerando la cantidad de torres que el remenión no afectó. El sismo, 50 veces más fuerte que el que asoló la capital haitiana el pasado 12 de enero, quebró ventanas, agrietó estructuras del centro y desencajó varios puentes, pero las modernas edificaciones de apartamentos están igualitas. El equipo de seguridad ciudadana, rápidamente acordono negocios con algunas rupturas para que la gente no cruzara frente a la fachada.

Mientras en Concepción y en Santiago de Chile se cuestionan empresas constructoras cuyas obras (recién habitadas y algunas en venta) se desplomaron, en Viña del Mar se elogia el respeto por las medidas antisísmicas y la calidad de las construcciones. Aquí quedaron intactas torres de apartamentos de hasta veinte niveles inscrustadas en los cerros viñamarinos.

En la calle poquísimo tránsito y hay filas en la única estación de llamadas que hay abierta. Cuando salió el sol, caminamos al centro para dar señales de vida a nuestra gente. Cuando llegó nuestro turno, después de que 33 personas hablaran, no pudimos comunicarnos a República Dominicana. Las líneas también colapsaron, dejando con ansias a un centenar de gente. 

El supermercado Santa Isabel del centro está cerrado y en una panadería la fila le da dos vueltas a la acera. La gente camina y camina tras una fundita de pan. En lugares como Concepción, la gente tiene ¨plata¨ pero no le venden nada. Hay saqueos de supermercados. Patricio Martínez los justifica: ¿Cómo le decimos a un niño de dos años que no hay leche? Pregunta a la cámara.

Los canales locales comenzaron la transmisión temprano. Las imágenes del desastre saltan en las pocas casas que hay electricidad. En la residencia universitaria el fluído se normalizó al día siguiente y el agua tardó un día y medio para llegar. El chorro es friísimo, pero celebro que exista.

Hoy domingo desperté con el meneíto de la cama. Fue otro sismo de 6,1 grados dando los buenos días. Las réplicas suceden a cada momento. Y el temor vuelve con ellas. La ciudad está en silencio, una tranquilidad poco común. Anteanoche la luna estaba redondita y amarillenta. Acompañaba los caminantes sin rumbo.
 
La presidenta Michelle Baahelet aún no ha pedido ayuda internacional. Dice que hay un fondo en Chile para eso. La mandataria visitó la zona más afectada de una vez. Priorizó la acción antes que el figureo y cuando tenía los datos a mano, entonces habló al país, clamando fuerza y expresando su solidaridad a una patria, la suya, que esta vez llora.