• 8 marzo, 2026

Fallos en controles permitieron el ingreso de violadores en serie a la Policía de Londres

Londres.– Violadores en serie, entre ellos David Carrick, considerado uno de los peores agresores sexuales de la historia moderna del Reino Unido, lograron ingresar a las filas de la Policía Metropolitana de Londres debido a graves fallos en los procesos de verificación de antecedentes, según reveló una revisión interna reciente.

El informe, divulgado esta semana, determinó que más de 5.000 personas fueron contratadas como agentes y personal policial sin controles de antecedentes adecuados entre julio de 2019 y marzo de 2023, lo que permitió que individuos con historiales alarmantes accedieran a cargos de autoridad.

“Abandonar los controles de antecedentes penales fue una negligencia grave en el deber de la Policía Metropolitana de proteger a Londres”, afirmó la ministra del Interior, Shabana Mahmood. “Los ciudadanos esperan, con razón, que quienes portan un uniforme policial sean sometidos a investigaciones rigurosas, y no que delincuentes vigilen nuestras calles”, subrayó.

Admitido pese a acusaciones previas

Uno de los casos más graves es el de Cliff Mitchell, quien fue aceptado en Scotland Yard en 2020 a pesar de haber sido investigado en 2017 por la presunta violación de una menor. Su ingreso se produjo luego de que un panel de evaluación —en parte enfocado en objetivos de diversidad— revocara la decisión inicial de rechazarlo, pese a la acusación no probada.

Sin embargo, en septiembre de 2023, mientras se desempeñaba como oficial en servicio, Mitchell secuestró a una mujer a punta de cuchillo y la violó de forma reiterada. Los abusos se extendieron durante años, pero la víctima no denunció de inmediato debido a las amenazas y la intimidación ejercida por el agresor, quien utilizó su condición de policía para silenciarla.

Tras su arresto, las acusaciones previas relacionadas con la menor fueron reabiertas. Mitchell fue finalmente condenado por 13 cargos de violación, incluidos seis contra una niña, y sentenciado a cadena perpetua en mayo de 2024.

El escándalo ha intensificado la presión sobre la Policía Metropolitana y el Gobierno británico para reformar de manera urgente los mecanismos de reclutamiento y supervisión interna, ante lo que se considera uno de los mayores fallos institucionales en la historia reciente del cuerpo policial.

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