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Irán refuerza su aparato militar y nuclear ante la creciente presión de Estados Unidos

Mientras Estados Unidos incrementa su presencia militar en Medio Oriente, Irán ha acelerado los preparativos defensivos que, según analistas, apuntan a un escenario de confrontación directa.

Delegaciones de ambos países mantuvieron conversaciones indirectas en Ginebra durante tres horas y media el martes, sin avances concluyentes. El canciller iraní Abbas Araghchi aseguró que se acordaron “principios rectores”, mientras que el vicepresidente estadounidense J. D. Vance sostuvo que Teherán no reconoció las “líneas rojas” fijadas por el presidente Donald Trump.

Fuentes citadas por CNN indicaron que la Casa Blanca fue informada de que el ejército estadounidense podría estar listo para un eventual ataque este fin de semana, tras el despliegue de activos navales y aéreos en la región.

Reconstrucción militar tras la guerra con Israel

En junio del año pasado, Israel lanzó una ofensiva sorpresa contra instalaciones iraníes, dañando parte de su programa nuclear y su infraestructura de misiles. Durante los 12 días de enfrentamientos posteriores, Irán respondió con cientos de misiles y drones.

Imágenes satelitales recientes muestran que Teherán ha reconstruido instalaciones clave, entre ellas la Base de Misiles Imán Alí en Jorramabad y complejos en Tabriz y Hamadan. También reactivó su planta de producción de combustible sólido en Shahrud, considerada estratégica para el desarrollo de misiles de mayor alcance.

Expertos del Centro James Martin para Estudios de No Proliferación y del Instituto de Ciencia y Seguridad Internacional (ISIS) señalan que los trabajos avanzan con rapidez, lo que sugiere que la capacidad de producción podría incluso superar niveles previos al conflicto.

Fortificación del programa nuclear

Irán también ha intensificado la protección de sus instalaciones nucleares. En el complejo subterráneo cercano a Natanz —incluido el sitio conocido como “Pickaxe Mountain”— se observa la colocación de hormigón reforzado y cobertura con tierra en accesos a túneles.

En el complejo militar de Parchin, específicamente en la instalación denominada “Taleghan 2”, se construyó un sarcófago de concreto que ahora está siendo cubierto con tierra, lo que podría convertirlo en un búnker difícil de identificar desde el aire.

Asimismo, en el Complejo Industrial 7 de Tir, cerca de Isfahán, vinculado a la fabricación de piezas para centrífugas de enriquecimiento de uranio, se reconstruyeron estructuras previamente dañadas.

Reconfiguración del poder interno

Tras el conflicto con Israel, el liderazgo iraní reforzó sus estructuras de seguridad. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional ganó peso bajo la conducción de Ali Larijani, mientras que se creó un nuevo Consejo de Defensa.

El excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Ali Shamkhani, fue designado secretario del nuevo organismo, con el objetivo de fortalecer la preparación ante amenazas externas.

Analistas interpretan estos movimientos como una señal de que Teherán contempla la posibilidad de un ataque de “decapitación” dirigido contra el líder supremo Alí Jamenei, cuya sucesión comienza a discutirse en círculos internos.

Represión interna y maniobras navales

En paralelo, el régimen ha intensificado la represión contra la disidencia, tras acusar a manifestantes de colaborar con potencias extranjeras. Las fuerzas Basij participaron en la contención de protestas que derivaron en miles de detenciones.

En el plano militar, el CGRI realizó ejercicios navales en el Estrecho de Ormuz, cerrando temporalmente sectores clave para el tránsito petrolero mundial. También efectuó maniobras conjuntas con Rusia en el Golfo de Omán y el norte del Océano Índico.

Por su parte, Estados Unidos desplegó dos portaaviones en la región. Uno de ellos interceptó un dron iraní en el Mar Arábigo, mientras se reportaron incidentes entre embarcaciones del CGRI y buques con bandera estadounidense.

Un mensaje de disuasión

Expertos como Vali Nasr, profesor de la Universidad Johns Hopkins, consideran que Irán busca enviar una señal clara: cualquier guerra tendría un alto costo estratégico y económico.

Con la diplomacia estancada y el despliegue militar en aumento, la región enfrenta uno de sus momentos de mayor tensión en años, mientras ambas potencias calibran sus próximos movimientos.

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