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  • 2 julio, 2020

La genética en la estatura moral y física

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Manuel Volquez

Por Manuel Vólquez

El mundo está lleno de personas adornadas de doble estatura moral, otros con estatura moral muy baja, fruto de sus acciones repudiables, y otros que nacieron para servir de peones o cancerberos, de bruscos modales, a los amos depredadores que hacen fortunas mediante procedimientos ilícitos.

“Tú no estás a mi altura, a mi nivel intelectual ni moral; ponte en tu lugar”. Es una frase de común uso cuando alguien de “segunda clase” trata de involucrarse con la de “primera”.

Al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina le ocurrió algo parecido, siendo muy joven, cuando intentó entrar a un club de ricos (sociedad de primera clase) ubicado en un exclusivo sector de la capital dominicana y lo rechazaron porque pertenecía a clase de “segunda”. Le ocurrió antes de ingresar al Ejército. Él nunca olvidó ese maltrato. Luego, siendo ya un hombre de mucho poder y con dinero, vengó la humillación comprando el club. (Ver libro de Juan Bosch, “Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo”.

La estatura moral y la física en los hombres vienen dadas por la herencia genética. En el primer caso, unos salen honestos e incorruptibles siguiendo el patrón de conducta ancestral y terminan muriendo en la pobreza; otros son lo contrario, se corrompen en la medida que van evolucionando como individuos y terminan siendo ricos circunstanciales a través de maniobras inmorales.

En el segundo caso, están los hombres bajos de estatura física y con mucha moral. Un estudio genético ofrece una explicación a la baja estatura de las personas en varios países.

Las personas de más pequeñas del mundo viven en el Sudeste Asiático. Los hombres de Timor Oriental tienen una altura de tan solo unos 160 centímetros de media (62.9 pulgadas, igual a 5.2 pies).

Las mujeres con menos altura de todo el planeta se encuentran en Guatemala, con 150 centímetros (4.9 pies). Este dato contrasta con el de otros países vecinos. Sin ir más lejos, Uruguay es el país donde viven las más personas altas de América Latina con 162 centímetros de media.

Otros países que no destacan precisamente por lo que mide su población son Filipinas, Bangladesh, Nepal, Madagascar, Laos, las Islas Marshall, en el océano Pacífico; la India, Indonesia, Yemen, Malawi, Ruanda y Mauritania, de acuerdo con una investigación del Imperial College de Londres.

Con una media de 165,3 centímetros para los hombres y 152,9 para las mujeres, los peruanos se encuentran entre los humanos con menor estatura del mundo. En su entorno, los argentinos llegan a 174 y 159, los colombianos a 169 y 156 y los ecuatorianos a 167 y 154.

La estatura está determinada, principalmente, por la herencia genética, pero hay una gran cantidad de condicionantes medioambientales, como la alimentación o el acceso a la sanidad, asociadas estrechamente a factores socioeconómicos, o incluso los microbios que viven en nuestro intestino, que pueden afectar a la altura final. De hecho, la estatura media de los peruanos, como la de casi todos los países de Iberoamérica, se ha incrementado en más de diez centímetros de media en el último siglo sin haberse producido variaciones genéticas importantes.

Con el fin de comprender las interacciones entre el genoma, el entorno y los rasgos fisiológicos que resultan de ese intercambio, un equipo de varias instituciones estadounidenses y una peruana midieron la estatura y obtuvieron ADN de 3.134 individuos en 1.947 hogares de Lima, la capital de Perú.

Una versión del gen FBN1 denominada E1297G, importante en el desarrollo embrionario, suponía por cada copia una reducción de 2,2 centímetros. Los individuos que habían heredado la variante tanto del padre como de la madre y tenían dos copias eran, de media, 4,4 centímetros más bajos. En otros estudios, las variantes genéticas relacionadas con la estatura más influyentes solo suponían un cambio de alrededor de un milímetro.

Además, en un análisis más profundo de los resultados los autores observaron que la variante era más frecuente entre las poblaciones de la costa que en los que viven en los Andes o en la región del Amazonas. En particular, en las poblaciones en torno al valle de Moche, junto al Pacífico, en el norte del país, estos genes de la baja estatura eran aún más abundantes.

¿Y dónde viven las más altas del mundo?

En contraposición, las personas más altas se repartan en dos países europeos: Holanda y Letonia. El primero respecto a los hombres, pues alcanzan los 183 centímetros de altura (más de seis pies) y el segundo en relación a las mujeres, ya que, de media, miden 170 centímetros.

Antes de la llegada de los años ochenta, los holandeses no destacaban precisamente por su altura: de media alcanzaban los 165 centímetros. La verdadera razón del cambio se desconoce, pero puede que se debiera a adquiriesen una alimentación más sana como consecuencia de un reparto más equitativo de los recursos.

De hecho, ser más alto parece que está íntimamente ligado con tener una mejor salud, así como una vida más larga. Pero, aunque se sea menos propenso a padecer alguna enfermedad respiratoria o un ataque al corazón, existen más probabilidades de sufrir ciertos tipos de cáncer, como el de colon.

“La altura no solo viene determinada por el estilo de vida, también por la genética. Una manera de descubrir cuánto puede crecer un niño es sumando la cantidad de diez a la altura de la madre. Al resultado se le añade la del padre y se divide entre dos. Para las niñas se debe restar diez a la altura del padre, sumar la de la madre y dividir entre dos”, dice el estudio.

Volviendo a los países con la población más alta, habría que nombrar a otros como Bélgica, Estonia, Dinamarca, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Serbia, Islandia, la República Checa, Eslovaquia, Lituania, Ucrania y Bielorrusia. Queda claro, pues, que Europa está a la cabeza del resto de continentes en este aspecto.

España es uno de los países europeos con las personas más bajas, ya que la estatura media es de 174 centímetros (5 pies y 7 pulgadas) en el caso de los hombres y 163 centímetros (5.3) en el de las mujeres. La estatura disminuye con la vejez, pues una persona puede llegar a perder entre 2,5 y 7,5 centímetros.

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