La incógnita de la basura espacial
Por Manuel Vólquez
Mi pasión por los temas científicos generan algunas interrogantes que conducen a buscar respuestas. Por ejemplo, ¿por qué flotan en el espacio el planeta que habitamos y los demás planetas? ¿Qué hacen los científicos con los satélites que envían al espacio, cuando concluyen las misiones espaciales? La primera incógnita, que ha intrigado a la humanidad durante siglos, tiene respuesta: Es debido a la gravedad, un eslabón fundamental que mantiene a los planetas en órbita (flotando) alrededor de las estrellas evitando que se caiga hacia el espacio exterior, a medida que gira alrededor del Sol. Aclarado ese punto, pasemos a la segunda interrogante.
Los humanos, de manera desenfrenada, continúan llenando el planeta con desechos sólidos, tóxicos y de agentes patógenos contaminantes, lo que constituye un impacto negativo para la salud pública y el medioambiente. Su malsana actividad, en un afán por saber qué hay en los demás planetas, la ha llevado al espacio con el envío de satélites y otros aparatos que con el tiempo se convierten en basura espacial. Según la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior, 13.727 satélites se mantienen en funcionamiento, mientras que el resto de los objetos en órbita incluyen satélites inactivos, restos de cohetes y basura espacial, sumando más de 45.000 elementos en total. Estados Unidos lidera con aproximadamente 9,203 satélites activos, seguido de Rusia con 1,471; China, 1.121 y el Reino Unido con 722. España cuenta con alrededor de 13 a 51 activos. Otros países con presencia significativa, incluyen India, Francia y Alemania, cada uno con más de 100 satélites en órbita.
La Universidad de Kioto, en colaboración con la empresa Sumitomo Forestry, consiguieron dar con una solución factible a ese asunto. Al estar compuestos principalmente de metales, una vez finalizada la vida útil de esas maquinarias espaciales, sus estructuras se queman con el tiempo y liberan un polvo de óxido de aluminio que puede estar flotando por el espacio durante décadas. Por ese motivo, se ha ideado un nuevo material para fabricar satélites. La solución está en la madera y así lo explica un estudio desarrollado por Japón, que acaba de lanzar un satélite con forma de cubo al espacio formado en su totalidad por madera de magnolia, muy valorada dentro del mundo de la carpintería porque es fácil de trabajar, con buenas cualidades y gran valor decorativo.
Según la investigación, este material resolvería todos los problemas que ocasionan los metales que cubren las máquinas espaciales. Aunque la madera en la Tierra es altamente inflamable y menos resistente que el metal, en el espacio la cosa es diferente. El proyecto, conocido como LignoSat, apuesta por satélites de madera por su alta resistencia y estabilidad en el espacio. Por la ausencia de oxígeno fuera de la atmósfera terrestre, ese material no arde ni se pudre.
Antes del lanzamiento del primer satélite de madera, los investigadores hicieron varias pruebas con residuos espaciales cubiertos con diferentes tipos de madera y los recogieron tras un año de estar en el espacio atmosférico. Cada uno de ellos volvió intacto y al final optaron por la madera de magnolia como la mejor opción por su estabilidad dimensional y su maleabilidad. La madera de los satélites se acabaría descomponiendo con el tiempo y solo produciría vapor de agua y una cantidad ínfima de dióxido de carbono, lo que evitaría la acumulación de una posible neblina opaca que cubra nuestro planeta.
Ojalá se adopte esa iniciativa científica porque tenemos suficientes problemas con la quema de combustibles fósiles, la deforestación, prácticas agrícolas e industriales, que han incrementado la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera dando como resultado el peligroso calentamiento global causante del cambio climático.

