• 17 mayo, 2021

La justificada indignación de Waldo

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Manuel Volquez

Por Manuel Vólquez

El Colegio Médico Dominicano pidió a las autoridades gubernamentales poner fin a las desconsideraciones y maltratos que, asegura, están recibiendo algunos miembros del gremio por parte de los policías y militares que velan en las calles por el cumplimiento del toque de queda.

Los galenos reciben maltratos cuando son mandados a parar en los puestos de retenes, cuando se movilizan hacia o desde su centro de trabajo a cumplir con la jornada humanitaria en esta crisis sanitaria generada por la pandemia Covid-19.

Así lo denunció el presidente del gremio, Waldo Ariel Suero, quien afirmó de manera pública que ha recibido varias quejas de esa situación.

Con justa razón, él expresa su indignación (la cual comparto) por lo que está aconteciendo en el entendido de que los médicos, por su constante labor humanitaria, se merecen respeto, protección y un buen trato debido al compromiso que tienen con la sociedad dominicana.

Conozco a Waldo Ariel Suero desde hace muchos años. Somos barahoneros. Vivimos y nos criamos en la misma calle del barrio Savica y estudiamos en el mismo liceo Federico Henríquez y Carvajal. Conozco a su familia.

Waldo, además de ser muy inteligente, siempre ha sido una persona solidaria; él no se inventa las cosas. Cuando habla es porque tiene las pruebas. Por esas condiciones personales, creo en lo que está diciendo.

Solo un cerebro desnutrido se atreve a desconsiderar a un médico, un profesional que arriesga la vida para salvar la de otras personas. Siempre trabajan en situaciones de paz o de guerra, van donde los necesitan. Para eso estudiaron medicina. Por tanto, merecen respeto. Además, están autorizados por el Poder Ejecutivo a circular durante el toque de queda.

Según el decreto 698-20, emitido el 30 de diciembre de 2020, pueden circular en medio del confinamiento hogareño, son las siguientes personas:

-Personas dedicadas a los servicios de salud, tales como médicos, enfermeros, bioanalistas, personal paramédico y personal farmacéutico.

-Ciudadanos con alguna emergencia médica que necesiten dirigirse a algún centro de salud o farmacia.

-Personas dedicadas a labores de seguridad privada y miembros de la prensa o demás medios de comunicación, debidamente acreditados.

-Operadores de vehículos y técnicos de empresas e instituciones prestadores de servicios de energía, agua, telecomunicaciones y recogida de desechos sólidos, exclusivamente durante el ejercicio de sus funciones laborales.

-Operadores de vehículos dedicados a la distribución urbana e interurbana de mercancías, insumos y combustible.

-Personas que laboren en la industria y comercio de alimentos y productos médicos y farmacéuticos y estén en tránsito hacia y desde sus lugares de trabajo, siempre que porten identificación de una empresa autorizada por la Comisión de Alto Nivel para la Prevención y Control del Coronavirus.

-Pasajeros internacionales y operadores de vehículos particulares o comerciales que estén trasladando a estos, así como empleados del sector de transporte marítimo y aéreo debidamente identificados en tránsito hacia o desde puertos y aeropuertos.

-Empleados de empresas que brinden servicios funerarios, exclusivamente durante el ejercicio de sus funciones laborales.

-Empleados o contratistas de los sectores de hotelería, minería y zonas francas, exclusivamente durante el ejercicio de sus funciones laborales.

Sin embargo, esa ordenanza presidencial no es respetada por algunos policías o militares que se creen estar por encima de la ley, sobre todo cuando entran a las casas para arrestar a ciudadanos sin la presencia de un fiscal bajo el argumento de que están violando el toque de queda.

Mientras maltratan a un médico, algunos uniformados se muestran muy complacientes y dan excelente trato, por ejemplo, a un cantante urbano por su condición de ser amigo de un comandante, a un militar o policías que andan fuera de servicio y, en el mejor de los casos, a familiares de éstos o de un político influyente. Es cuestión de desigualdad.

Esos exabruptos son herencias trujillistas que no entiendo por qué se siguen permitiendo, tras 60 años del ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

Por lo visto, no se respetan las órdenes del presidente de la República de turno y eso no es bueno en un clima de democracia porque se está dejando un pésimo mensaje a los futuros alistados de las instituciones castrenses y, además, crea malestar en los ciudadanos. Es la razón de por qué la población no simpatiza con los miembros de los cuerpos de seguridad.

Los uniformados nunca deben estar por encina de los derechos ciudadanos. Están para protegernos, no para abusar. El presidente Luis Abinader dejó eso bien establecido cuando advirtió que ningún rango está por encima de la Constitución y las leyes. Fue un mensaje directo a los policías y guardias presumidos y abusadores.

La queja del doctor Waldo Ariel Suero no debe quedar en el vacío. El ministro de Defensa y el director general de la Policía, si es que son obedecidos, deben llamar al orden a los subalternos para que respeten los derechos ciudadanos. Naturalmente, sin dejar de aplicar la ley a los que están transitando las calles sin justificación por el hecho de que tienen padrinos que hablan por ellos cuando son retenidos o por su condición de inadaptados sociales.

Hay que superar esa conducta, que es propia de un salvajismo coloquial. No podemos continuar con la cultura del garrote y la arrogancia. Debemos hacer algo rápido para salir de ese atraso.

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