Parque Andrés Pastoriza usado para orinar y haitianos vender ropa

parque-andres-pastoriza-usado-para-orinar-y-haitianos-vender-ropa.jpgSANTIAGO.- El área verde que hace 10 años fue inaugurada en esta ciudad para tributar un reconocimiento a don Andrés Pastoriza, padre del rotarismo en el país, hoy sirve de urinario y lugar para exhibir ropas que son adquiridas por personas que caminan por el lugar.

Se trata de una diminuta porción de terreno localizada en la parte superior de una pequeña colina de la avenida Las Carreras, que concluye con la calle 30 de Marzo, a escasos metros de la avenida 27 de Febrero, de esta ciudad.

Por el lugar donde está ubicado pocos santiagueros conocen su existencia y prácticamente no es visitado, salvo las horas diurnas de cada jueves, porque hasta allí se ha extendido el tradicional el denominado “mercado de la pulga” que realizan haitianos en varias calles del vecino sector de Pueblo Nuevo.

Ha sido como consecuencia del ya fuera de control intercambio comercial antes mencionado, la razón por la que el parque a la memoria de don Andrés Pastoriza ahora sirve de escenario del extendido negocio de ropas, calzados, perfumes y otros artículos.

Completamente arrabalizado, gracias de manera fundamental y abandono a que lo tiene sumido la alcaldía y al uso inadecuado de sus visitantes, el busto del doctor Pastoriza ha sido condenado a convertirse en una vergüenza para los residentes en esta ciudad.

El parque es un homenaje al hombre que en 1945 se convirtió en fundador del entonces Club Rotario Ciudad Trujillo y que el 23 de febrero de 1994 inauguró la administración municipal de entonces, con una placa de bronce cuya leyenda que decía “Andrés Pastoriza: padre rotarismo dominicano. Club Rotario Santiago Gurabito”.

Pero, tal es el grado de abandono que de la tarja colocada al pie de la figura tallada en bronce ya han desaparecido algunas de sus letras, desnaturalizando casi por completo su leyenda original.

Y, como si esto fuera poco, la parte inferior se ha convertido en un lugar “ideal” para que los hombres, a plena luz del día y sin importarles la presencia en las proximidades de mujeres y niños, se orinan en el sitio conscientes de que ninguna autoridad se los impedirá o los castigará por ese atentado al pudor público.