
El ataúd estaba sellado, debido al estado de descomposición no pudo ser velada en su casa ni en una funeraria.
Por lo que el cadáver de la infante fue llevado desde el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) directo al cementerio de Las Charcas.
Allí, entre pocos familiares y vecinos, se vieron escenas de dolor y llanto, mientras el ataúd blanco donde reposa el cuerpo de la niña era llevado a su última morada.
