Trump llevó la economía de EE.UU. al borde de la crisis en 100 días
Durante sus primeros 100 días de regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha empujado a la economía estadounidense —una vez envidiada a nivel mundial— al borde de la crisis, socavando la confianza internacional en EE.UU. como refugio financiero y generando temor entre votantes que pierden fe en su liderazgo.
Pese a prometer en 2024 una recuperación económica basada en la nostalgia de su primer mandato, Trump ha impulsado políticas arancelarias que no solo incrementarán los precios, sino que también amenazan con provocar recesión y caos entre pequeñas empresas y grandes corporaciones. Mientras sectores como las aerolíneas recortan vuelos, minoristas cancelan ventas de productos chinos y la Reserva Federal advierte sobre freno en contrataciones, el Fondo Monetario Internacional recortó su previsión de crecimiento para EE.UU.
La confianza del consumidor se desplomó a niveles no vistos desde 1952, mientras el “Índice de Miedo y Codicia” de CNN refleja temor extremo. Pese al impacto negativo, Trump insiste en reformas económicas radicales, basadas en su teoría de que Estados Unidos ha sido explotado por otras naciones, promoviendo tarifas “hermosas” para reconstruir la industria nacional, a costa de las alianzas tradicionales.
Su uso unilateral de poderes presidenciales para imponer aranceles ha desatado incertidumbre estratégica, erosionando la estabilidad económica que históricamente caracterizó a EE.UU. Sus ataques al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y la presión para bajar las tasas de interés a pesar de riesgos inflacionarios, han agravado la desconfianza en los mercados.
Trump también intensifica su guerra comercial con China, aplicando tarifas del 145%, provocando interrupciones en cadenas de suministro globales. Sin embargo, a pesar de su retórica, Pekín ha rechazado la presión estadounidense, complicando cualquier expectativa de un acuerdo inmediato.
En el plano interno, la popularidad de Trump se desploma: solo el 41% aprueba su gestión general, y apenas el 39% respalda su manejo de la economía, según una encuesta de CNN/SSRS. El 35% apoya su política frente a la inflación y los aranceles, reflejando una creciente desaprobación entre quienes esperaban alivio económico.
Aunque la administración promete una “nueva era” de expansión comercial con países como Japón, Corea del Sur y la Unión Europea, expertos advierten que dichos acuerdos tomarán años en concretarse y no compensarán el daño inmediato causado por la guerra arancelaria.
Incluso si logra avances, los precios para los consumidores estadounidenses subirán drásticamente, convirtiéndose de facto en un masivo aumento de impuestos. Trump minimiza estos efectos asegurando futuras reducciones fiscales, pero hasta ahora el Congreso no ha aprobado su plan tributario.
La visión de Trump como un “gran negociador” enfrenta su mayor prueba: de fracasar, arrastraría a Estados Unidos —y al mundo— a una recesión autoinfligida. El multimillonario Ken Griffin advirtió que la marca global de EE.UU., símbolo de estabilidad y aspiración, está siendo severamente erosionada bajo su liderazgo.

