Por Manuel Vólquez,
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha transmitido su agradecimiento por la ayuda humanitaria del convoy “Nuestra América” que se gesta en algunos países europeos y latinos en medio del bloqueo de Estados Unidos, agravado desde diciembre pasado con un veto al petróleo y a los combustibles. Con el lema “Cuba: Solidaridad global contra el asedio, no más bloqueo”, organizaciones de Puerto Rico se unieron a la campaña de donación de medicamentos especializados ante las nuevas medidas del presidente Donald Trump, que impide ahora el abasto de crudo.
La primera avanzada del convoy, una iniciativa impulsada por movimientos sociales, activistas y militantes revolucionarios de distintos puntos del mundo para ayudar a la isla a mitigar los efectos del bloqueo, llevó a la isla insumos médicos y otros suministros esenciales. Es un mirífico gesto solidario.
La nación más grande de Las Antillas, con más de 10 millones de habitantes, padece una crisis severa de consecuencias letales a falta de recursos financieros para satisfacer las necesidades básicas, como electricidad, alimentación, servicios de salud, educación, transporte, etc. Su principal proveedor de combustible es Venezuela, pero desde que el régimen de Washington ordenó la escaramuza militar en Caracas para capturar al presidente Nicolás Maduro, ha sido impactada por varios apagones eléctricos nacionales. Ya se están dando protestas por esa situación en algunos pueblos cubanos, lo que hace suponer que hay manos extranjeras enemigas financiando una insurrección popular para derrocar al régimen. Ya vimos esas acciones en Venezuela y en Irán.
La relación entre Cuba y Venezuela se profundizó a finales de los años 90 con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia y su alianza política con Fidel Castro. A partir de entonces, los dos Gobiernos construyeron un esquema de cooperación diseñado para sortear el aislamiento internacional y las sanciones estadounidenses.
En su punto más alto, Venezuela llegó a enviar hasta 100 mil barriles diarios a Cuba, lo suficiente para la generación eléctrica y el funcionamiento de la economía. Para el 2024, ese volumen se había reducido a unos 50 mil barriles diarios. Es obvio que la interrupción de esa medida plantea riesgos inmediatos para un país que ya enfrenta apagones frecuentes, escasez de combustibles y dificultades para importar energía.
Estados Unidos acusa al Gobierno cubano de alinearse con «numerosos países hostiles», de acoger a «grupos terroristas transnacionales» y de permitir el despliegue en la isla de «sofisticadas capacidades militares y de inteligencia» de Rusia y China. Sobre esas premisas, anunció la imposición de aranceles a los países que vendan petróleo a Cuba y tomó medidas para dificultar que reciba combustible del exterior. Las dos naciones están enfrentadas desde que triunfó la revolución socialista de Fidel Castro, hace más de seis décadas. En este tiempo ha habido una invasión apoyada por la CIA, la amenaza de una confrontación nuclear y varias crisis migratorias.
Es inhumano lo que se está haciendo con Cuba. Estuve en La Habana en el 2011, durante una semana, recibiendo conocimientos sobre técnicas en Comunicación e Hipermedia (recurso utilizado en el terreno de la informática) y vi como se vive en ese país. El convoy humanitario debe continuar y albergo la esperanza de que los barcos con las ayudas no sean destruidos en alta mar con drones. Por décadas, el pueblo cubano ha sufrido mucho, y ahora más. En este momento crucial se amerita la solidaridad de los países latinoamericanos que, como México, Nicaragua y Brasil, no temen a represalias arancelarias ni se han subyugado ante un moderno y despiadado Goliat que, por demás, es implacable y deshumanizado. Hoy es Cuba, después seguirían otras naciones de la región.

