• 15 junio, 2026

Una crisis compleja

manuel volquez

Manuel Vólquez

Son alarmantes las noticias difundidas por los medios de comunicaciones sobre incidentes violentos que dejan tragedias familiares, como feminicidios, infanticidios, parricidios, y la participación de adolescentes en asesinatos de personas adultas y menores de edad. Esos hechos, al parecer, no conmueven la conciencia de nuestra flamante clase política y otros sectores sociales que muestran indiferencia y guardan silencio ante la escalada de violencia. En realidad, todos debemos involucrarnos en encontrar fórmulas efectivas para enfrentar esa problemática. No es cuestión de criticar por criticar, sino de ofrecer soluciones a los males perturbadores.

En ese contexto, preocupan los recientes casos que han terminado en muertes de menores (incluso niños) y que involucran a adolescentes señalados como los responsables de esos crímenes. Bastaría con revisar los archivos periodísticos para ver las reseñas de asesinatos de menores en edades de 14, 16 y 17 años, a manos de adolescentes.

Si consultamos a los especialistas en asuntos de conductas humanas, respecto a qué está sucediendo, nos dirán lo que por años hemos escuchado: La violencia en adolescentes surge de una combinación de factores familiares, sociales, psicológicos y educativos que influyen en su comportamiento agresivo, entre estos la ausencia parental, el abandono parcial o total, y los estilos educativos autoritarios o excesivamente permisivos que pueden propiciar conductas agresivas en los jóvenes. Eso es cierto, ¿pero que se está haciendo para lidiar con esa patología?

Creo que en ese comportamiento también incide mucho la adicción de los niños a temprana edad a las herramientas digitales. Eso no suele comentarse, pero es la realidad. Los padres irresponsables de guiar a esta generación cometen el error de entregar celulares o tabletas a los niños en edad de 2 a 5 años, tal vez para para tranquilizarlos o para que no les estorben sus actividades. Es una manera injusta de desconectarles su inocencia. En el caso de los adolescentes, aprenden en los dispositivos técnicas virales que luego los convierten en delincuentes, en monstruos, participando en asaltos, violaciones y asesinatos.

A parte de que no se descarta que usen algunas sustancia narcóticas o bebidas alcohólicas (es un hábito recurrente a su edad), ese segmento poblacional pasa todo el tiempo encerrado en una habitación, aislado, sin supervisión familiar, viendo contenidos inadecuados a través de los celulares y computadoras. Se transforman así en sombíes-modernos, con mentalidades desconfiguradas y bajo índice escolar.

A fin de cuenta, esos regalos tecnológicos son peligrosos para la salud física, mental y social. Además, se ha advertido que la manipulación excesiva de estos dispositivos puede favorecer la aparición de la ludopatía, una enfermedad de salud mental caracterizada por la adicción al juego, con consecuencias emocionales, familiares y sociales catastróficas. En efecto, es una crisis compleja que no hemos sido capaces de erradicar.

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