
«El ataque terminó y la vida ha vuelto a la normalidad», declaró a la AFP el gobernador de la provincia de Kirkuk, Najmeddin Karin, que precisó que el jefe de la ofensiva del EI había sido detenido.
Según Karin, este último confesó tras su arresto que un centenar de combatientes habían participado en el ataque contra Kirkuk, células latentes del EI en esta ciudad petrolera y multiétnica del norte que se unieron a yihadistas llegados de fuera.
Atacados en su bastión de Mosul, en el norte de Irak, por las fuerzas iraquíes apoyadas por la coalición internacional, los yihadistas del EI intentaron llevar a cabo una maniobra de distracción al lanzar un ataque el viernes al amanecer en Kirkuk, una ciudad situada fuera de las zonas bajo su control.
Según un balance facilitado por las autoridades iraquíes el domingo por la noche, tres días después de que empezaran los combates y de que se decretara el toque de queda, el ataque dejó 46 muertos aparte de los yihadistas, la mayoría, miembros de las fuerzas de seguridad.
Decenas de miles de hombres avanzan desde varios frentes hacia el bastión del grupo yihadista Estado Islámico (EI), donde su jefe, Abu Bakr al Baghdadi, proclamó la instauración de un «califato» en junio de 2014.
Estas fuerzas están respaldadas por la coalición internacional liderada por Estados Unidos, que dirigió «más bombardeos» aéreos desde el 17 de octubre que «durante cualquier semana desde que comenzara la guerra contra el EI», precisó McGurk.
En siete días, 32 bombardeos aéreos destruyeron 136 posiciones del EI, 18 túneles y 26 vehículos bomba, según la coalición.
