El atentado habría sido perpetrado por un desprendimiento del autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo.
“Esta sangre derramada debemos transformarla en determinación, debemos trabajar con inteligencia, no como un loco. Quien no esté dispuesto a esto, puede retirarse», dijo Cartes a los soldados y oficiales.
La reunión se hizo en un puesto militar en las afueras de la ciudad norteña de Concepción.
El fiscal antisecuestro Alejo Vera dijo que mediante la autopsia «se comprobó que los militares fueron ajusticiados porque recibieron disparos en la cabeza, e incluso varios tenían heridas de arma blanca, como si hubieran sido apuñalados».
Federico Delfino, otro de los fiscales intervinientes en el lugar del ataque en el pueblo Arroyito, a 490 kilómetros al norte de Asunción, confirmó que los criminales robaron a los militares ocho fusiles M4, chalecos antibalas y una ametralladora antiaérea.
