Ballet Nacional de España Soberbio

Por Luisa Rebecca

Santiago- El Gobierno de España, a través del Ministerio de Cultura español y el Ministerio de Cultura de la República Dominicana, regaló a Santiago y Santo Domingo tres grandiosas funciones del Ballet Nacional de España, bajo la dirección de José Antonio, por primera vez en suelo criollo.  Disfruté de la ofrecida en Santiago, en la Sala de la Restauración del Gran Teatro del Cibao, donde presentaron un inolvidable espectáculo de fuerza, pasión, disciplina y concepto artístico apegado a la identidad.
 
Sin elementos escenográficos, con iluminación simple y justa, el programa se inició con “Caprichos”.  Lejos de los tradicionales vestuarios de lunares y peinados con peinetas,  las bailarinas lucieron trajes de terciopelo y salieron a escena para contarnos historias de pasiones itnensas, envueltas en la plástica perfecta lograda con movimientos precisos y calculados, para envolvernos y dejarnos atrapados en el sonido del zapateo, las palmas precisas o las castañuelas que nos envuelven.
 
Hay que saber escuchar para coordinar zapateo y palmas.  Zapateo y danza.  Acordes de guitarra y zapateo.  A parte de una férrea disciplina, hay que sumar pasión por de más para que pueda ponerse en escena un espectáculo de esta categoría.  
 
A ritmo de guitarras y castañuelas, símbolos musicales de España, de la tradición flamenca, los bailarines alzaron vuelo hasta trasladarnos a ensoñadores pasajes de la música tradicional española, llevada de la mano de un puñado de músicos y un cuerpo de bailes diestro y entregado que ofreció un repertorio amplio, donde el ritmo y la fuerza dieron un espectáculo soberbio.
 
Un notorio trabajo de expresión corporal, de dominio de la técnica de ballet clásico y de los ritmos flamencos.  No así en la parte introductoria de una de las piezas, cantada por dos bailarines, que requieren entrenamiento de proyección de la voz, para completar aquello del arte integral y permitir que ya, de hacerlo, no venga en desmedro de todo el conjunto.
 
 El “Mosaico Andaluz”, constituyó una de las selecciones más emblemáticas de España, sobre todo para aquellos inmigrantes que dejaron atrás sus memorias y abrazaron a la República Dominicana como su patria.  Esos recuerdos de niñez y adolescencia, debieron traer pasajes de gran emoción para ellos.
 
Con música de Albéniz, esta parte tan tradicional y con esa vivacidad y sentido del baile de las composiciones del autor, unido a los emblemáticos trajes de las majas antiguas, constituyó una apreciada muestra del resultado de horas de ensayos,  dedicación y corazón.  Recibieron el aplauso de un público que valoró la función como inolvidable y que supo aquilatarla con sus aplausos.
 
Si una cosa me impresionó de esta compañía danzaria, que es lo que equivale en muchos países al ballet clásico, es esa manera de aplicar las técnicas y formación del ballet clásico a la difusión y puesta en escena.  De puesta en valor, en definitiva de la identidad cultural de un pueblo, en este caso España.    Esta compañía se auxilia y parte de la rigurosa formación clásica, para exaltar la identidad nacional que, en un mundo globalizado, es la carta de presentación y de autenticidad de la cultura de un pueblo.
 
No sólo circunscribirse al repertorio de piezas universales como “Corsario”, “Bella Durmiente”, “Cascanueces”, “Grand Pas de Quatre”, sino basarse en esa técnica fundamental del ballet clásico, para hermosear y valorar.  Para fortalecer, técnica y estéticamente, los bailes autóctonos y presentarlos como cédula de identidad ante el mundo, como sello inconfundible de una cultura que orgullosamente se exhibe, pulida con el rigor clásico de las escuelas danzarias del mundo.
 
Ojalá que otros países también sigan el ejemplo de esta compañía, que los bailes que identifican a cada país se fusionen, se sustenten y se auxilien de las técnicas clásicas para mejorar sus propuestas danzarias y quien sabe, si uno de estos días veamos al Ballet Nacional de la República Dominicana integrar en su repertorio alguna suite folklorica o algún merengue, composición de autores que como Julio Alberto Hernández, Pancho García, Bienvenido Bustamante, Manuel Sánchez Acosta, Manuel Tejada o Luís Días, entre otros dominicanos que han compuesto piezas de gran valor representativas de la música nacional.
 
Al final, una enérgica pieza llena de vida.  “Ritmos” cerró el espectáculo que envolvió al público e hizo que cada quien se retirara con la sensación de gratitud del arte bien hecho, asumido con pasión y con disciplina, para llevar a escena una propuesta inolvidable, memorable…

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