• 21 junio, 2021

Blancanieves y la Cultura de la Cancelación

Movie Suite© por José D’Laura

Primero fue Lo que el viento se llevó. Luego cancelaron a Pepe Le Pew. Disney + incluyó advertencias al inicio de sus clásicos El libro de la selva, Dumbo y Los Aristogatos. Ahora resulta que los animados de nuestra infancia contienen ideas machistas, tóxicas y distorsionadoras y deben ser cancelados. Le llegó el turno a: Blancanieves.

Era previsible: Blancanieves muerde una manzana envenenada que la Reina Malvada y solo puede ser despertada de su hechizo por un “beso de amor eterno”. Ahora ese beso está siendo cuestionado por no haber sido un beso “consensuado”.

“Blancanieves está dormida y, por lo tanto, el beso no fue consensuado”, fue la polémica divulgada de manera online por dos periodistas de SFGate que revisaron una de las atracciones más antiguas del parque que inauguró el propio Walt Disney en 1955.

“No puede ser un beso de amor verdadero si solo una persona, en este caso el príncipe, sabe lo que está pasando”, afirmaron los periodistas en una edición digital de San Francisco Chronicle.

“¿No estamos ya de acuerdo en que el tema del consenso en los primeros filmes de Disney es un aspecto problemático? ¿Y que enseñar a los niños que besar a una persona, si ambos no están de acuerdo, no está bien?”, cuestionaron.

La postura de los periodistas provocó acusaciones en contra de ellos “por haber sucumbido a una versión ‘talibán’ de lo políticamente correcto”.

La escritora Carola Martínez, especialista en literatura infantil, considera que “las continuas revisiones de los clásicos por parte del mundo adulto marcan muchas cosas interesantes. La primera es que no toman en consideración que son narraciones que datan del siglo XVII y que en ese contexto de producción no existe ninguna posibilidad que estén en concordancia con lo que piensa la sociedad cuatro siglos después”.

Completa su idea: “Segundo, que no pueden distinguir algo fundamental las narraciones forman parte de la ficción y más aún en este caso de cuentos maravillosos por lo que la necesidad de hacerlos corresponder con la realidad no tiene sentido. Las narraciones no son realidad. Nadie le robó un beso a Blancanieves, básicamente porque Blancanieves no existe”.

Y cierra: “Y por último esta necesidad de censura es tan aberrante y peligrosa como la censura que hacía la dictadura militar en Argentina o el régimen franquista en España. No podemos permitir estos avances porque primero vienen por la Blancanieves y luego van a comenzar a revisar qué ‘contenido’ tienen los libros para niñas y niños y decidir que escribimos quienes nos dedicamos a ellos. Por favor, dejen en paz a los cuentos de hadas”.

Desde hace un tiempo que los cuentos para chicos –Blancanieves, Caperucita, Cenicienta– son releídos, criticados y reformulados con nuevas perspectivas de género y hasta de etnias.

El psicólogo austríaco Bruno Bettelheim, autor de Psicoanálisis de los cuentos de hadas, publicado en 1976, hizo un extensivo análisis de los componentes simbólicos de los cuentos infantiles y cómo influyen en ellos.

En el caso de Blancanieves, plantea varias cosas, entre ellas, que “los siete enanitos del cuento no son más que una excusa para evidenciar los grandes cambios y la evolución personal que experimenta la heroína, pues son personajes que se mantienen sin cambios en un nivel preedípico: no tienen padres, no se casan, no tienen hijos”.

En cuanto a la protagonista, afirma: “Blancanieves es blanca como la nieve (pureza, asexualidad) y roja como la sangre (sexualidad, erotismo). Cuando muerde la manzana por su parte roja envenenada significa el fin de la inocencia; la niña muere siendo encerrada en un ataúd transparente, donde permanece por gran tiempo que representa el período de maduración”.

Y agrega: “Despertar o renacer significa conseguir un estadio superior de conciencia y madurez superando las difíciles situaciones y experiencias de la transición. Aquellos que se resisten a la transición y niegan las crisis se mantendrán como los enanitos: en un estadio preedípico”. En ese estado casi vegetativo están los nuevos abanderados de la Cultura de la Cancelación.

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