
El primer ministro chino, Wen Jiabao, llegó ayer por la tarde al epicentro del terremoto para mostrar su apoyo a la población y supervisar las labores de rescate. Las imágenes recordaron al trágico seísmo de hace casi dos años en la cercana provincia de Sichuan, cuando la presencia del primer ministro a las pocas horas del terremoto emocionó al país.
Al cierre de esta edición, las cifras de la tragedia eran de 760 muertos, 243 desaparecidos y más de 10.000 heridos. En algunas de las ciudades, como la capital regional, Jiegu, el 90% de las casas habían sido destruidas.
Algunos medios chinos han recogido las muestras de impotencia de los médicos y equipos de rescate que llegaron a Yushu el día del seísmo. Ga Maxi, doctor del ahora destruido hospital de Yushu, se lamenta de la «falta de todo lo esencial: alcohol etílico, agujas, gasas y anestésicos. Los traumatismos más graves no los podemos curar, sólo podemos amputar». La llegada de material médico y de centenares de doctores y especialistas mejorará la situación.
En su lucha mediática por mostrar a la población que el Gobierno está haciendo un buen trabajo, Jidi Majia, al cargo del Departamento de Comunicación de Qinghai, exigió a los medios locales «ser responsables políticamente y reforzar su función para guiar a la opinión pública».
Periodistas chinos de otras provincias se quejaron de las dificultades impuestas por el Gobierno para llegar a las zonas afectadas. En cambio, periodistas extranjeros no tuvieron problemas para dormir ayer por la noche en el epicentro del seísmo.
