Teherán.– El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, falleció este sábado a los 86 años durante los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní, según confirmaron reportes difundidos tras la ofensiva militar conjunta.
De acuerdo con la información preliminar, Jameneí se encontraba en su oficina ejerciendo funciones oficiales cuando se produjo el bombardeo que terminó con su vida. Hasta el momento, las autoridades iraníes no han ofrecido detalles adicionales sobre las circunstancias específicas del fallecimiento ni sobre el protocolo de sucesión.
De Mashhad al poder absoluto en la República Islámica
Alí Jameneí nació el 17 de julio de 1939 en Mashhad, uno de los principales centros religiosos del chiismo. Desde joven se dedicó a la formación islámica, estudiando en seminarios de su ciudad natal y posteriormente en Náyaf, Irak. Más tarde continuó su preparación en Qom, donde profundizó en jurisprudencia y filosofía islámica.
En 1962 se incorporó al movimiento opositor contra el ‘sha’ Mohammad Reza Pahleví y desempeñó un papel relevante en la Revolución iraní. Su activismo le valió múltiples arrestos antes del triunfo revolucionario de 1979.
Tras la instauración de la República Islámica, participó en la consolidación del nuevo sistema político y en la creación de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, estructura clave en la defensa del régimen.
De presidente a líder supremo
En 1981, luego del asesinato del presidente Mohammad Alí Rayaí, Jameneí fue elegido presidente de Irán con amplio respaldo electoral, convirtiéndose en el primer clérigo en ocupar el cargo. Fue reelegido en 1985 y ejerció la Presidencia hasta 1989.
Tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeiní ese mismo año, Jameneí fue designado líder supremo de Irán, la máxima autoridad política y religiosa del país. Desde esa posición acumuló amplios poderes sobre las Fuerzas Armadas, el Parlamento, el sistema judicial y los medios de comunicación.
Figura clave en la geopolítica regional
Durante más de tres décadas, Jameneí se consolidó como una figura central en la política de Oriente Medio, marcado por una postura firme frente a Estados Unidos e Israel. Bajo su liderazgo se fortaleció el denominado “Eje de la Resistencia” y continuó el desarrollo del programa nuclear iraní, tema de permanente tensión internacional.
Aunque mantuvo una línea dura frente a Occidente, también avaló decisiones estratégicas como la aceptación del alto el fuego en la guerra contra Irak en 1988 y la aprobación del acuerdo nuclear firmado en 2015.
La muerte de Jameneí se produce en un momento de alta volatilidad regional, tras una escalada militar que mantiene en alerta a la comunidad internacional y abre interrogantes sobre la estabilidad política de Irán y el equilibrio de poder en Oriente Medio.
