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El veneno de la Posverdad,

manuel voquez

Manuel Volquez

Manuel Vólquez

A propósito de la guerra en el Medio Oriente promovida por los Estados Unidos, Israel y aliados contra la República Islámica de Irán, han surgido diversas opiniones de nuestros políticos, legisladores, economistas y otros teóricos que siempre aprovechan esos incidentes para “buscar cámaras” y hacerse sentir como gestores de opinión pública. No es nada nuevo, la advertencia de que ese conflicto propiciaría el encarecimiento del petróleo en los mercados internacionales con efectos amplios sobre la economía dominicana, más allá del precio de los combustibles pues lo más lógico es que las guerras impacten la economía mundial, generando inflación, desempleo, aumento del costo de la vida, afectar la producción y las finanzas públicas, entre otros factores.

República Dominicana está repleta de teóricos, en muchos casos oportunistas, que opinan de todo, aunque no manejan con propiedad temas específicos. Están al acecho de cualquier eventualidad de interés público para ofrecer declaraciones. Sus mejores opciones o plataformas son las redes sociales, en su mayoría utilizadas por cerebros palurdos incontrolables. Los que más brillan en la prensa son los políticos de la oposición, que se pasan cuatro años opinando sobre lo mismo. Tienen contactos con periodistas que responden a sus intereses ideológicos y los aprovechan de manera directa para expresar opiniones manipuladas sobre asuntos importantes.

El caso es que todo lo encuentran mal, si se trata de las acciones provenientes de los adversarios en el poder; pero no aportan nada para solucionar los problemas sociales que padecemos. Lo más cuestionable es que suelen calificar como malas, decisiones de la gobernanza de turno que no supieron resolver cuando eran Gobierno, como los apagones, corrupción administrativa, la delincuencia, la inflación, narcotráfico, la inseguridad ciudadana, educación, la inmigración ilegal, servicio de salud, transporte, etc. En efecto, se alegran de que esas cosas estén ocurriendo y sacan aprovecho de la situación para elaborar las campañas electorales. Esa perorata la he escuchado a lo largo de más de siete décadas, y no cesarán.

Obvio, su papel es desmeritar al contrincante que está gobernando para crear descontento, atraerse la simpatía de la población y el voto electoral. Ellos aplican aquella famosa frase de: “divide y vencerás; critica, que al final algo queda”. Y no es que sea malo criticar al adversario que detenta el poder estatal porque de no hacerlo, entonces no tendría sentido el pluri-partidismo. Si existiera un solo partido, no habrían cuestionamientos de opositores políticos. Sería una dictadura. Pero, en nuestro caso, funciona un esquema de varios partidos políticos en una suerte de democracia bien administrada en la que cada ciudadano puede expresar con libertad las ideas, cuestionar, y hasta difamar, sin ser reprimido o censurado.

Sin embargo, esas críticas se fermentan con el veneno de la Posverdad, un efectivo mecanismo de distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública. Ese procedimiento impacta más las mentes ignorantes que no razonan y acuden como borregos a las urnas para elegir a candidatos ineptos para el desempeño de cargos públicos, que luego se convertirían en voraces funcionarios corruptos. n deliberada de una realidad, que manipula creencias y em

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