• 17 mayo, 2021

Hotel Coppelia: guerra, amor y redención en Dominicana

Movie Suite© por José D’Laura

La Historia Dominicana tiene todas sus historias pendientes de contar. O casi todas. Y cada una de ellas con sus héroes y sus villanos. En algunos casos, los héroes de la primera mitad, se convierten en los villanos de la segunda parte, lo que las hace sumamente difíciles de comprender.

Hotel Coppelia, la nueva propuesta de José María Cabral, es su particular visión sobre la participación de algunas mujeres en la Guerra de Abril, una curiosa perspectiva de abordar un evento histórico que, a pesar de marcar un antes y un después en nuestra historia, es poco conocido y estudiado por las nuevas generaciones.

Lo resumo de manera breve: en septiembre de 1963, el gobierno democrático de Juan Bosch es derrocado por los sectores de derecha y sustituido por una junta militar. Dos años después, en abril de 1965, estalla una revolución popular para reponer a Bosch en el poder. A las varias horas, 42 mil marines norteamericanos invaden Dominicana y frustran esa intención.

Hotel Coppelia se sirve del marco de la Guerra de Abril para contarnos la historia de las mujeres que ejercen la prostitución en el referido “cabaré” (no conozco un solo dominicano que pronuncie la “t” de la palabra francesa) y que también ven alteradas sus vidas por todo lo que pasa afuera. En efecto, todo lo que sucede en Dominicana, también sucede, en escala proporcional, en el Coppelia.

Dominicana es Coppelia y Coppelia es Dominicana. Y tomando en cuenta que todo el cine que ha hecho Cabral siempre contiene algún comentario social, la metáfora no es absurda. Dominicana es todavía el prostíbulo del que se benefician los conservadores de doble moral, los políticos insaciables, los mercenarios del dinero ajeno, los poderosos bastardos de la patria. El resto somos las meretrices de poca monta. Me salí de foco, vuelvo al filme.

La imagen más poética de Hotel Coppelia es la que abre el filme: Judith (magnífica Lumi Lizardo, una de nuestras más talentosas actrices) conversa con Yemayá (licencia poética del guion a favor de elementos cubanos, al igual que el nombre de la famosa heladería del centro de La Habana) y recoge un caballito de mar, elemento que servirá como gancho para ser resuelto al final del filme.

Pero también a lo largo de toda la película se ha logrado una ambientación visual y sonora que bordean la excelencia, una demostración más de lo que son capaces de hacer nuestros cineastas, incluso cuando no disponen de los recursos millonarios de otras cinematografías. Para que quede bien claro: cine con calidad para ser exportado internacionalmente y la mejor prueba es la magnífica aceptación que ha tenido su estreno en la plataforma HBO Max y su posterior recomendación en un artículo de Forbes.

El triángulo dramático se completa con Gloria (una Nashla Bogaert que demuestra su madurez y su compromiso con el personaje que encarna) y Tina (una Ruth Emeterio que tiene la fuerza dramática de la bazuka que porta y le brinda su apellido: una presencia absolutamente sobresaliente en cada toma en la que aparece). La primera lee “Rebelión en la granja”, de George Orwell (y, por supuesto, afloran las obvias comparaciones con el cerdo dictador), la segunda es una analfabeta que se ha preparado desde su nacimiento para el conflicto contra toda injusticia.

Es indudable que las primeras premisas del filme están muy bien sustentadas: hay mucho amor (expresado incluso a través del sexo), hay mucha guerra (primero civil, luego patriótica, con explosiones incluidas). Mis reservas se centran en la redención de algunos de los personajes, con los que sus creadores han sido muy empáticos en sus posibilidades de convertirse en activos agentes de una revolución, cuando no existe ninguna etapa previa de preparación o adoctrinamiento (si fuera el caso), ni una evolución más orgánica, un elemento de cualquier guion que siempre se presta a la discusión eterna.

Aun así, me queda muy claro que con Hotel Coppelia, José María Cabral se consolida como uno de los más interesantes cineastas dominicanos. Un repaso a su filmografía más reciente no deja dudas: Carpinteros (2017), El proyeccionista (2019) e Isla de plástico (2019), son títulos que evidencian una madurez que es también fruto de una consumada cinefilia: Cabral bebe de la fuente de los grandes maestros del cine, una condición imprescindible para alcanzar nuevas cotas para el cine dominicano.

Hotel Coppelia (2020). Dirección: José María Cabral; Guion: José María Cabral y Penélope Adames; Fotografía: Hernán Herrera; Música: Jorge Magaz; Elenco: Lumi Lizardo, Nashla Bogaert, Ruth Emeterio, Jazz Vilá.

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