Santo Domingo, RD – El reconocido geólogo dominicano y miembro de número de la Academia de Ciencias, Osiris de León, hizo un llamado urgente a las autoridades para establecer un marco legal obligatorio que garantice la revisión periódica de la integridad estructural de edificaciones públicas y privadas en la República Dominicana.
De León advirtió que, aunque el país cuenta con normativas para la construcción de nuevas obras, existe un vacío legal crítico respecto al mantenimiento y evaluación continua de infraestructuras ya existentes, muchas de las cuales reciben a miles de personas cada semana. Entre estas figuran hospitales, escuelas, estadios, iglesias y teatros, cuya seguridad podría verse comprometida con el tiempo si no se inspeccionan regularmente.
“Las estructuras formales suelen cumplir con los reglamentos al momento de su construcción, pero se deterioran con los años debido a factores como vibraciones sísmicas, excavaciones vecinas, lluvia ácida y salitre costero”, explicó De León.
Como presidente de la Comisión de Supervisión de Infraestructuras Públicas ante el Cambio Climático, creada por el presidente Luis Abinader mediante el decreto 603-23, Osiris de León subrayó la necesidad de actuar antes de que ocurran tragedias evitables.
En su análisis, destacó que ciudades construidas sobre sustrato rocoso, como Santo Domingo, San Pedro de Macorís y Punta Cana, tienen buena respuesta sísmica. No obstante, alertó que las excavaciones con maquinaria pesada cerca de edificaciones pueden generar vibraciones que debilitan las estructuras, simulando pequeños sismos.
También llamó la atención sobre la lluvia ácida, que degrada el carbonato de calcio en el hormigón, y el salitre marino, que oxida el acero de refuerzo, reduciendo así la resistencia de los edificios.
“Si no se establece una revisión periódica obligatoria por ley, estamos dejando a la sociedad expuesta a riesgos evitables”, enfatizó.
Como solución complementaria, De León sugirió rescatar técnicas antiguas como el uso de agua alcalina en la mezcla del hormigón, tal como hacían los romanos hace más de dos mil años, para extender la durabilidad de las construcciones expuestas a entornos agresivos.
