Sonajero

Grisbel MedinaDe Grisbel Medina R.
sonriete_gris@hotmail.com

A tu consideración

Si para remediar asuntos cotidianos, no tienes que cargar un latón de agua por senderos agrestes, eres una persona privilegiada. Si al levantarte, estás seguro de que la ducha será un rocío fresco, agradece porque esa mismita agua que consumes fácilmente es escasa y difícil de conseguir para muchas otras personas en el mundo.

El 22 de marzo es el Día Mundial del Agua. Y aunque el llamado a preservar este recurso no debe ser asunto de un día, la fecha debe servir para halarnos las orejas, aprender y superar rutinas nada amigables con el ambiente y particularmente con el 3% del líquido que es dulce, del 75 por ciento de agua que cubre el planeta.

No nos luce que el agua, tan básica y esencial para la supervivencia, siga corriendo sin dolientes por válvulas hogareñas y tuberías del entorno. Hace dos años, en un seminario respaldado por la Unesco, fue divulgado un dato aterrador: en República Dominicana, cada persona malgasta 600 litros más de agua que los 250 litros que se estima debe consumir.

Si bien, el dispendio es mayor cuando se rompe una tubería rural o urbana, cada persona tiene el poder de sumarse al despilfarro o contribuir a ahorrar  este recurso vital.  Por ejemplo, ¿qué haces regando las flores en el solazo del mediodía o dejando abierta una “pluma” por ir a atender una llamada telefónica?

Después de las desgracias que la humanidad le ha causado al planeta (solo cuando no queden árboles sabremos que el dinero no se come, advierte una profecía india) las prácticas verdes se han vuelto un “estilo” y trabajar por el ambiente un discurso mediático. Pero, más allá de la pose, la alerta por la escasez de agua se escribe con rojo de emergencia. El agua es relativamente la vida misma, así que no dejemos que se escabulla. Al usarla racionalmente, el mundo y su gente sabrán compensar.