Keir Starmer enfrenta una creciente presión política tras los malos resultados del Partido Laborista en las elecciones locales, aunque aseguró este martes que continuará al frente del Gobierno británico mientras no exista una impugnación formal contra su liderazgo.
El primer ministro comunicó a su gabinete que asume la responsabilidad por el revés electoral, pero defendió los avances de su gestión desde la victoria laborista de 2024. “El país espera que nos pongamos a gobernar. Eso es lo que estoy haciendo”, afirmó desde Downing Street.
Las tensiones internas aumentaron luego de que varios diputados laboristas pidieran su renuncia, mientras algunos sectores cuestionan su capacidad para recuperar el apoyo popular antes de las próximas elecciones generales previstas para 2029.
La crisis se agravó tras la dimisión de la ministra Miatta Fahnbulleh, quien instó públicamente a Starmer a establecer un calendario para abandonar el liderazgo del partido, alegando que el Gobierno no ha actuado con la “visión y ambición” prometidas.
Pese a ello, varios miembros del gabinete cerraron filas en torno al primer ministro. Entre ellos, el secretario de Vivienda Steve Reed y el ministro de Trabajo Pat McFadden, quienes defendieron la continuidad del Ejecutivo y pidieron estabilidad política.
Según las normas del Partido Laborista, para activar una elección interna se requiere el respaldo de al menos 81 diputados laboristas a un candidato alternativo, un proceso que hasta ahora no se ha iniciado oficialmente.
La incertidumbre política también impactó los mercados financieros del Reino Unido. La rentabilidad de los bonos británicos a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 1998, mientras la libra esterlina cayó frente al dólar, reflejando la preocupación de los inversores sobre una posible crisis de liderazgo en Londres.
